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martes, 25 de marzo de 2014

Para llegar preparado

Antes de iniciar un viaje, y sobre todo si es un viaje a un destino tan fascinante como Etiopía, merece la pena prepararse. Comprar (o sacar de la biblioteca) una guía de viajes es una tarea casi obligada, pero no menos importante que leer libros o ver películas sobre el destino.

Recuerdo que hace años vi la película "Vete y vive" y que me impresionó mucho. Se trata de una de esas acciones humanitario-políticas que no sabes a ciencia cierta si ayudan más que entorpecen. Gracias a las descendencia de las doce tribus de Israel, 8000 etíopes tuvieron la oportunidad de emigrar hacia el país de la estrella de David. Pero no fue fácil. Creo que miraré de nuevo esta película antes de viajar.

En el tema libros, gracias a Ferran de Torres (gran regalo) me leí "Dios, el diablo y la aventura", la historia del misionero jesuita Pedro Páez que a punto estuvo de convertir la nación al catolicismo, después de pasar siete años prisionero en Yemen y de construir la primera casa (la iglesia) de dos pisos en Etiopía.

Y ahora tengo entre mis manos la primera novela de Marc Cornet (regalada por él mismo y dedicada) que se titula "Corrent cap a Bikila", una historia en 42 capítulos y 195 palabras.

Si queréis recomendarme algo más para preparar mi viaje a Etiopía que empezará dentro de menos de dos semanas, me haréis un gran favor. Y si queréis acompañarme, recordad que existe esta posibilidad y que sólo tenéis que poneros en contacto con la agencia Run In Africa.

jueves, 1 de julio de 2010

Para entender Kenia mejor


Estoy terminando la autobiografía de Wangari Maathai, premio nobel de la paz en 2004. La autora keniana nació en 1940 en una zona rural cercana a Nakuru y, por ciertas casualidades de las que ella misma está sorprendida, terminó una carrera universitaria en Estados Unidos mientras su país conseguía la independencia; luego siguió sus estudios en biología hasta ser la primera mujer keniana (y de la mayoría de países vecinos) en doctorarse.

Le ha tocado vivir una época difícil en el continente africano y lo cuenta de manera amena y sin demasiados eufemismos; repasa la historia actual de Kenia y, por lo menos a mí, me sirve para entender mejor el país y su gente. Pero no es la única mujer que me ha ayudado a entender Kenia mejor.

El año pasado leí “El río y la fuente” (The river and the source) de Margaret Ogola, doctora pediatra en un hospital de Nairobi. A diferencia del libro de Wangari Maathai (Unbowed), el de Ogoloa es una novela y tuvo tanto éxito desde su primera publicación que es lectura obligada para las escuelas secundarias del país. Para describir un poco la trama, el libro narra la vida de cuatro generaciones kenianas, desde antes de la independencia (y con un estilo de vida próximo al primitivo) hasta la generación actual con todos sus más y sus menos. Es un gran repaso a la vida, que en apenas 200 páginas logra demostrar que algunas decisiones en la juventud tendrán sus consecuencias o sus frutos más adelante.

Os recomiendo ambas lecturas (la primera sólo está en inglés) y estoy seguro que destrozaréis algunos prejuicios que los europeos (por hablar en primera persona) tenemos de los africanos. Y creo que además pasaréis un buen tiempo con ellos.

PD: Y si conocéis algún otro libro que pueda añadir a los recomendados, pues estaré encantado de conocerlos.

jueves, 17 de junio de 2010

Tiendas, empleos y demás


Ayer compré al fin un libro para aprender Swahili, ya es hora que aprenda algo más que mzungu, jambo y asante. La tienda, regentada por un indio como la mayoría de comercios importantes en Eldoret/Kenia, tenía cuatro dependientas. La primera me enseñó el libro que quería, la segunda repasó el precio, la tercera procedió a la venta y la cuarta estaba publicando algo en facebook a través del móvil.


La tienda, aunque grande, no tenía más clientes que yo y según el recibo que me dieron, a las cinco de la tarde, realicé la compra número 33 del día. ¿Es productivo? Muchas veces me pregunto cuánto dinero ganará la gente por el trabajo que hace. He aquí algunas respuestas.


Trabajar en un hotel (entiéndase hotel como casa de comidas, no como alojamiento) está remunerado con 150KSh diarios (1,50€) aunque sé de alguien que cobra 170KSh (aunque no vive en Eldoret y se gasta 40KSh diarios en transporte). Se dice que los policías ganan 10.000KSh mensuales y, claro, un sueldo tan bajo les lanza a la corrupción. El personal de seguridad, entre 3.000 y 5.000KSh; y así hasta un largo etcétera.


Pero todavía hay más. Con un paro alrededor del 40% de la población y una gran dificultad para encontrar empleo, los estudiantes se ofrecen gratuitamente a cambio de cartas de recomendación mientras tienen vacaciones. Ahora mismo las universidades tienen vacaciones y los alumnos buscan "attachments" (prácticas gratuitas) para rellenar su currículum con alguna experiencia. Y pueden seguir haciéndolo durante uno o dos años hasta después de terminada la carrera. Así son los sueldos y los empleos en Kenia, pero tiene su parte humana.


Al salir de la librería con mi libro de swahili llovía a cántaros. Mientras esperaba que parara, la chica que me enseñó el libro que quería me invitó a entrar de nuevo en la tienda y tomar asiento. Estuvimos hablando más de quince minutos y me contó que ella antes corría, pero ahora ya no; que conocía a Birmin Kipruto, a Eliud Kipchoge y a muchos otros; que era de la subtribu nandi y que su casa estaba en Nandi Hills (una de las mecas del atletismo) aunque ahora vivía en Eldoret. Y mientras, el indio lo miraba todo con calma y repasaba mentalmente las cuentas del día.

viernes, 7 de mayo de 2010

El mal de África

Dicen que el mal de África es esa nostalgia que te obliga a repetir su visita una y otra vez hasta convertirla en una necesidad periódica. Quizá ya me he contagiado, porque el próximo lunes regreso a Kenia y estaré allí durante ocho semanas (con una escapada a Ruanda, en principio).

El mismísimo ex-embajador de España en Namibia y Botswana -Eduardo Garrigues- ha publicado recientemente un libro con el mismo título ("El mal de África", Martínez Roca) en el que cuenta historias reales del continente. Tenéis información del autor y de sus libros aquí. A mí me apetece leerlo.

Y para los que tengáis niños (o seáis niños), hoy se estrena la película Viaje mágico a África.

miércoles, 14 de enero de 2009

PAN


Así, en mayúsculas. Porque el pan puede ser un problema para los celíacos, pero no para los creativos.

Mi primo le regaló a mi padre el libro de 365 recetas de pan, de Anne Sheasby. Hay recetas para todos los gustos, para todos los días, para todas las fiestas y para todas las "patologías". Tiene un extenso capítulo de panes sin gluten y otro de panes en panificadora; la suma de los cuales hace la creativa selección mía de "panes sin gluten en la panificadora". Y el resultado del primer invento fue un pan de queso y pipas -en la panificadora- que en lugar de pipas tenía nueces.

No hace falta decir que está buenísimo -ya no le queda casi nada de existencia- y que en breve intentaré otra combinación: el pan de té tropical, que no entiendo por qué se llama de té tropical cuando no hay té entre los ingredientes, pero sí mucha fruta seca y orejones.

Sólo espero que los panqués de am no instiguen a mis panes al suicidio.


martes, 27 de noviembre de 2007

Barioná, el hijo del trueno


[Me encanta leer, pero no me considero con suficiente autoridad para hablar de libros; además, aborrezco los best-sellers. Lo que me encanta es descubrir pequeñas joyas que la casualidad ha colocado en mis manos o algún conocido ha sabido recomendarme. Por lo tanto, mi sección de libros intentará ser amena y sólo hablaré de los libros que creo son desconocidos pero que valen la pena. Porque del mismo modo que agradezco los pequeños descubrimientos que me hacen, sería injusto guardármelos para mí. Así que empiezo con algo muy apropósito de las fechas que se acercan: la Navidad]

Barioná es una obra de teatro sobre la Navidad que escribió Jean Paul Sartre. Sartre era ateo de pies a cabeza y, por lo tanto, sorprende que escribiera este libro. Pero tuvo sus motivos.

La Navidad de 1940 estaba en el campo de prisioneros Stalag 12D. Allí había de todo: otros ateos, algunos creyentes y otros que no, e incluso curas. Fue con los curas con los que decidió escribir la obra. La vida en el campo no debía ser fácil y su afición a escribir le llevó a hacer más placentera la estancia de los 12.000 prisioneros, aunque sólo fuera durante unas horas.

La obra sólo se representó una vez y se hicieron copias sólo para los actores, ni una más. Según ordres de Sartre, después de la función todas las copias debían ser eliminadas, pero no fue así. Algunos actores conservaron las suyas y, en 1962, consiguieron el permiso del autor para que se publicara. No obstante, Sartre exigió una única tirada de 500 ejemplares, numerados, y con un prologo suyo expreso que le desvinculara de cualquier creencia cristiana:

"El hecho de que adoptara el tema de la mitología del cristianismo no significa que hubiera cambiado la dirección de mi pensamiento, ni siquiera por un momento, durante mi cautiverio. Simplemente se trató de encontrar, de acuerdo con los sacerdotes prisioneros, un tema sobre el que conseguir, aquella noche de navidad, la unión más amplia posible entre cristianos y no creyentes".

Pasaron los años y lo que antes era un libro se convirtió en historia y de historia pasó a mito. Y del mito al olvido. Hasta que en una tertulia de café salió el tema. Los contertulios se afanaron en búsquedas y en llamadas para saber si realmente existía este libro, hasta dar con un ejemplar en una Universidad estadounidense -creo que Chicago, pero no estoy seguro-. Una vez allí el trabajo consistió en traducirlo y editarlo.

Hoy está en las librerías españolas de la mano de Voz de Papel y al parecer se ha sacado una segunda edición aumentada al conseguir uno de los manuscritos de 1940.

Para acabar y comentar algo de lo que cuenta el libro -hasta ahora sólo he hablado del libro- diré que Sartre fue uno de los actores esa noche; fue Baltasar. Si leéis el libro sabréis por qué. Por lo menos, yo también habría escogido ese personaje. No hay diálogo más impactante que el que tienen Baltasar y Barioná a la entrada de la cueva de Belén.

En fin, una visión de la Navidad mucho más real que las que tenemos por costumbre de ver en estas fechas. Y contada por un ateo, aunque cueste creerlo.