martes, 8 de septiembre de 2009

Los 30km de Ohrid


Las frutas de Macedonia se han alineado a mi favor. Hoy es un gran día para este país -cumple su mayoría de edad- y para mí, que me alegro un montón.

La carrera estaba prevista para las diez de la mañana y para abrir boca, un autobús destartalado nos ha recogido a casi todos los atletas en el centro de Ohrid para llevarnos a la frontera con Albania. Ese es el punto inicial de la carrera (y suerte que no es diez metros más allá porque no llevaba el pasaporte encima). Durante el trayecto, mientras el conductor quema el embrague en las subidas y gasta los frenos en las bajadas, el serbio que se sienta a mi lado me hace entender que por allí correremos nosotros. ¡Qué guay! Aunque no ha sonado muy convinvente.

A punto de empezar, las enfermeras macedonias valoraban la presión sanguínea de los participantes (a mí me han dicho 110/80); nunca antes lo había visto, pero no fue lo peor. Por aquello de que eran muchos kilómetros, quise evacuar un poco y... ¡sorpresa! El baño era ese maldito invento de un agujero en el suelo y trata de acertar -sin acercarte demasiado, claro, y con cuidado de no dar un traspié-. No sigo, porque tampoco hacen falta detalles; con deciros que no hubo ningún accidente, pero que mis piernas se resintieron de estar un minuto a medio doblar será suficiente.

Empieza la carrera -os recuerdo que estamos a 700m sobre el nivel del mar-, bajamos un poco y subimos y subimos y subimos hasta 880m. Como quien no le presta atención, el 10.000 lo cruzo con otro corredor en 31'41”, habiendo subido 208m y bajado 191. A partir de ahí ya no se sube y baja tanto, pero no es realmente llano. Hemos empezado tan fuerte que pronto nos acomodamos a un ritmo medio y pasan los kilómetros. El 20 lo marcamos en 1h04'28” (eso significa a menos de 1h08'00” la media maratón). Me encuentro bien y al dejar a mi compañero que tire un poco, se frena. Intuyo que no va fino y le ataco. Ha sido un acierto; el viento sopla en contra y no me apetece llevarlo pegado a mí. Se va quedando y desde el coche del organizador me recuerdan que el récord de la prueba -por el que pagan 200€ extras- está en 1h39'13”. Lo veo difícil pero lo intentaré.

A medida que pasan los minutos se demuestra que mi ritmo es más y más lento. Más que las subidas, noto el desgaste de las bajadas; eran tan fuertes que me han destrozado los cuádriceps y los gemelos. Pero me giro y no veo al segundo. Entro en Ohrid buscando un arco que signifique “meta” mientras mi reloj ha agotado el minuto 37 de la segunda hora; tengo sólo un minuto para hacerme con el récord y sigo sin ver la meta, aunque desde el coche me animan diciendo que lo consigo. Pero pasa también el 38 y gran parte del 39. Los del coche no tienen ni idea de lo que es correr.

Ahora ya veo el arco; levanto las manos y disfruto con la victoria, aunque sea a más de un minuto del récord (1h40'29”). El organizador me felicita y hablamos de lo cerca que ha estado el récord. Quizá otro año, me dice él. Ahora que ya sé lo que es esta carrera... quizá otro año, ¿por qué no?

A lo largo de la tarde o mañana, podréis ver los resultados y algunas fotos en la web de la carrera.

lunes, 7 de septiembre de 2009

De autobuses y carreteras


De Sofía a Skopje sólo hay 220kms (según la viamichelin; GoogleMaps es incapaz de calcularlo), pero el autobús tarda algo más de cuatro horas en unir estas dos capitales. Las carreteras que parecen secundarias y las montañas que hay que coronar son el motivo de esta lentitud. Sin embargo, el viaje resulta entretenido.

La hora prevista de salida eran las 16:00 (15:00 en España) y, en contra de lo que cualquiera se imaginaría, salimos diez minutos antes. ¿Por qué esperar más si ya estábamos todos a bordo? Me explico: el conductor, el revisor (o conductor suplente), dos chicas macedonias y yo; cinco personas para un autobús de más de cuarenta plazas. Lo que yo no sabía es que pronto se transformó en un submarino. Dicen las guías de viaje que en los Balcanes los niños nacen fumando y en este autobús entendí a qué se referían.

Yo, por mi parte, me dedicaba a mirar el paisaje y a controlar el Suunto (ese reloj que gané en Gran Bretaña) para saber a qué altura estábamos. La frontera, por ejemplo, está a 1130m sobre el nivel del mar y ayer una niebla densa impedía ver mucho más arriba. Ahora descubro que a ambos lados, las montañas que se intuían, superan los 2000m. No tuve suerte; del mismo modo que tampoco estamparon un bodegón en mi pasaporte como bienvenida al nuevo país.

Mientras, en el autobús, pusieron un vídeo de “gags”, pero a mí no me hacía mucha gracia. Tan poca atención le presté que no sé si hablaban en búlgaro o en macedonio. Empezaba a preocuparme por no saber dónde dormiría en Skopje, aunque tenía la dirección de un hostal apuntada en la libreta. Llegué pasadas las siete de la tarde; era domingo y no tenía denarios. Un taxista se ofrecía a llevarme por el equivalente a 3€, pero yo sólo quería saber cómo se llegaba andando. Y más o menos me indicó por donde. Luego volví a preguntar y otra vez más y cada vez descubría que los macedonios son muy amables con el que está perdido. Por ejemplo, el último chico al que pregunté me acompañó hasta la puerta del hostal.

Mientras escribo estas líneas, me encuentro en el autobús de Skopje a Ohrid (mucho más lleno que el de ayer) y acabamos de superar los 1000m de altura. Todavía hay nubes bajas, pero hacia el valle la vista es impresionante. No tenía una idea preconcebida de Macedonia, pero por su proximidad a Grecia me la imaginaba más seca. Estoy completamente equivocado, Macedonia es muy verde y merecería la pena recorrer el país en bici para disfrutarlo al máximo.
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Ya he llegado a Ohrid y mientras espero que me recojan en la estación de autobuses, varias mujeres se acercan para ofrecerme habitaciones, mientras los taxistas también ofrecen su mercancía. Yo les digo que no, que un tal Peco vendrá a por mí.

Pasa más de media hora, pero llega Peco. Me acompaña al complejo deportivo donde puedo recoger mi dorsal y pagar 10€. Descubro que la carrera es popular (habrá unos 70 corredores) y confirmo lo que me decía un taxista que me entrevistaba mientras esperaba a Peco: los primeros kilómetros son muy duros, subir, subir y subir.

El Suunto me chiva que el lago está a 700m de altitud y empiezo a temer que la carrera será mucho más dura de lo que imaginaba. Pero eso será mañana. Ahora ya estoy en el hotel al que me ha llevado Peco (pero no sé si está incluido en los 10€) y desde el que puedo contemplar gran parte del lago Ohrid. Al fondo, casi en la frontera con Albania, está la línea de salida; cerca, en la ciudad de Ohrid, la de meta; durante... varias montañas.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Unas horas en Sofía


Pasar unas horas en Sofía ha sido un desvío (o un descuento) para llegar a Macedonia. Ni siquiera ha llegado a las 24 horas, pero han dado mucho de sí. Para empezar, lo primero que me ha llegado a la cabeza al aterrizar fue el chiste de Eugenio: saben aquell que diu...?

El otro día estaba mirando la sección de anuncios del periódico y uno me llamó la atención: mujer enseña el búlgaro. Yo que me fui y... ¡resulta que era un idioma!

Y de los chungos, añadiría yo. Aquí todo está escrito en cirílico y es muy difícil de entender. Las N son I; las P son R, los números pi son P... y así hasta confundirlo a uno. Hasta tal punto llega la confusión que esta mañana, en misa, el cura ha dicho “ite misa est” y nosotros hemos contestado “thanks to God”.

Al salir, para compensar el lío de una misa en inglés dirigida en latín -y con evangelio en búlgaro, el idioma-, había café y galletas para los asistentes. Una idea muy buena porque faltaban unos minutos para que empezara a llover. Me ha dado tiempo a visitar el mercadillo de antigüedades de delante de la catedral Alexander Nevski, donde puede encontrarse casi de todo. Destacan, entre los cubiertos de plata y los gorros soviéticos, condecoraciones y relojes con esvásticas, cámaras de foto con varias décadas de historia, sables, violines, joyería y un largo etcétera.

Ahora me falta más o menos una hora para abandonar este país. Han pasado más de treinta años desde que mi madre estuviera por aquí (en el campeonato de Europa de baloncesto júnior) y según lo que me ha contado, no hay tanta diferencia. A mí no me han llevado a visitar fábricas donde cada semana colgaban en la pared la foto del mejor trabajador, pero viviendas de estilo comunista, estatuas en los parques enarbolando armas y demás detalles, recuerdan el pasado de este país.
Próxima parada, Skopje, capital de Macedonia. Y mañana otro más para llegar a Ohrid.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Un país con nombre de postre

Después de seis semanas en la misma ciudad, Zaragoza, ha llegado el momento de volver a la vida nómada. Sin pasar un día entero en casa, el sábado por la tarde subiré a un avión en el aeropuerto de Barcelona. Aterriza en Sofía (Bulgaria) a las 22:40, pasaré una noche en el Youth Hostel (14€ con desayuno, Wi-Fi y sábanas incluidos) y el domingo viajaré en autobús hasta Macedonia.

El viaje, que tendrá varios capítulos, empezó por una carrera que se celebra el martes 8 de septiembre en Ohrid, Macedonia. Se conmemora la independencia de Macedonia de la antigua Yugoslavia -que votó el 95% de la población en 1991- y con este motivo se disputa una carrera sobre 30km. Nunca he corrido una distancia así (no me suena que exista en España alguna carrera de 30km) y además al ganador le dan 1000€, por no hablar de que Ohrid es una ciudad patrimonio de la Unesco y que todo el circuito transcurre alrededor de un lago cristalino y entre iglesias centenarias y hasta milenarias que han proporcionado a la ciudad el calificativo de “La Jerusalén de Macedonia”.


El miércoles, el día después de la carrera, espero viajar hasta Skopje, la capital de Macedonia, y gastar el primer viaje de los cinco que permite el interraíl corto viajando por la noche hasta Novi Sad (Serbia). No soy muy aficionado a visitar las capitales, me parecen más interesantes las ciudades secundarias; menos turísticas. Además, ese tren llega a Belgrado antes de las 6 de la mañana y prefiero bajarme unas horas más tarde en Novi Sad. Allí pasaré el jueves, en una ciudad que sufrió mucho por la guerra de Kosovo y que perdió sus tres puentes sobre el Danubio con los bombardeos de la OTAN.

Por la noche gastaré otro viaje: de Novi Sad a Praga, haciendo transbordo en Budapest (sobre las 5:30 de la mañana) y llegando a la capital checa pasado el mediodía. Es el segundo objetivo del “mini interraíl con zapatillas” ya que el sábado participaré en los 10km de Praga. Aquí el nivel será mucho mayor que en Ohrid -no creo que gane ningún premio-, pero como el mundo es un pañuelo me encontraré con el australiano de la caravana y gozaré de la caridad de los organizadores que nos ofrecen dos noches en el hotel Hilton. Suponiendo que nunca más iré a un hotel de esta cadena, el desvío me parece justificado. Pero me asalta una duda: el domingo tengo que subir de nuevo al tren, a las 8:40 de la mañana, y me pregunto si es mejor aprovechar el Hilton al máximo y acostarme en cuanto acabe la carrera o por querer tomar una cervezas en la República Checa desaprovecho unos minutos en los colchones más caros que he dormido nunca.

Tendré horas para pensarlo porque desde Praga cruzaré medio continente hasta París (parando en Frankfurt y otras estaciones) para transbordar al tren nocturno París-Cerbère, un gran conocido ya. Todo ello para cumplir con la visita al médico del lunes 14. Espero que mis intestinos lleguen en buena forma, pues me tocan más pruebas del aparato digestivo.

domingo, 23 de agosto de 2009

De nuevo las mamás


Hace un año escribí "Una de mamás". Hoy han vuelto a ser las protagonistas, pero con medio sabor agridulce. Natàlia Rodríguez y Nuria Fernández son los dos estandartes nacionales del 1500 y hoy lo han demostrado. Al llegar a meta han sido primera y quinta; unos minutos más tarde, cuarta y descalificada.


Se acaba el mundial de atletismo y mi pronóstico de ninguna medalla se ha caído por completo. Me alegra que la selección haya conseguido un oro y un bronce, que aunque haya habido pocos finalistas, la mayoría de los atletas se han comportado heroicamente... pero me apena que en las últimas horas de este mundial se ha esfumado una medalla de oro.


Natàlia era de las favoritas en el 1500; en estas pruebas siempre hay sorpresas y todos pueden dar su lección. Los movimientos tácticos son infinitos. Colocarte bien puede suponer ganar la carrera o, por lo menos, no lapidar tus opciones. Tanto Natàlia como Nuria lo hacían a la perfección, hasta los últimos 250 metros. Gelete Burka, de Etiopía, marchaba en cabeza dejando un poco de espacio en el carril uno. Entrar primera en la última curva puede evitar llegar a la recta rezagada y Natàlia lo sabía; quiso aprovechar ese espacio, minúsculo pero suficiente para su pequeño cuerpo, y ahí se acabó todo.


Adelantar por dentro está permitido, pero te las cargas si no sale impecable. El atleta que va por delante puede cerrar el hueco y no se considera obstrucción. El choque fue inevitable y Gelete Burka terminó en el suelo. Natàlia dio un traspié y siguió esprintando, llegando primera a meta pero reprimiendo la celebración porque sabía que no le darían el oro. Y lo primero que hizo fue acercarse a la etíope e intentar consolarla.


Ser la mejor del mundo y acabar descalificada es un jarrón de agua fría. Con la fuerza de su esprint, incluso después del traspié, demostró que la medalla era para ella. Pero ya no se puede remediar. Terminamos el mundial con dos medallas, pero sabemos que podemos conseguir más. ¡Qué grande eres Natàlia!
Por surte, Berlín también nos ha dejado alguna imagen graciosa. Espero que disfrutéis el vídeo:

viernes, 21 de agosto de 2009

Todo empezó en 1993

Repaso los medallistas de oro del mundial de Stuttgart y confirmo que me haría falta una enciclopedia para hablar de todos ellos. Sólo para nombrar algunos -sus nombres os resultarán conocidos-: Linford Christie (100m), Frankie Fredericks (200m), Michael Jonhson (400m), Noureddine Morceli (1500m; segundo fue Fermín Cacho), Haile Gebreselassie (10.000m, su primera medalla de campeón del mundo), Colin Jackson (110m.v., récord del mundo con 12"91), Moses Tanui (3000m.o.), Valentín Massana (20km marcha y Daniel Plaza tercero), Jesús Ángel García Bragado (50km marcha), Mike Powel (longitud y triple), Segei Bubka (pértiga), Javier Sotomayor (altura, con 2.40m), Jan Zelezny (jabalina) y Dan O'Brien (decathlon).


En mujeres, no menos conocidas, Gail Devers (100m y 100m.v.), Merlene Ottey (200m), María Lourdes Mutola (800m), las chinas de la sangre de tortuga (1.500m, 3.000m y 10.000m), y Encarna Granados tercera en 10km marcha.


Han pasado 16 años y sus vidas son ahora muy distintas. Los más espabilados visten trajes caros y son miembros del COI (Frankie Fredericks, Sergei Bubka), otros asesoran a sus respectivas federaciones nacionales de atletismo (Fermín Cacho, Javier Sotomayor) y los hay que han creado y dirigen centros de entrenamiento (Moses Tanui). Sólo dos, si no me falla la memoria, son fieles a su modo de vida y pasados estos 16 años permanecen en activo -y al máximo nivel-. Ambos, además, ven en Berlín la ciudad donde los sueños se cumplen. Gebreselassie, que ganó en Stuttgart el 10.000 y quedó segundo en el 5.000, corrió el año pasado la maratón de Berlín en 2h03'58", actual récord del mundo, y volverá a su línea de salida dentro de un mes. El etíope de la eterna sonrisa no piensa en retirarse; correr es su pasión, su forma de vida.


El otro atleta es el español Jesús Ángel García Bragado y en Berlín, hoy, participaba en su noveno campeonato del mundo. Si esto no fuera un mérito suficiente a su dilatada carrera deportiva, ha añadido a su cosecha personal la medalla de bronce que le faltaba. Después de la victoria en Stuttgart, en 1993, llegaron dos medallas de plata (Goteborg 1995 y Edmonton 2001). Dicen que la experiencia es un grado y en pruebas de larga distancia se convierte en una máxima. Pausadamente, a ritmo, con tenacidad y constancia, Jesús -Chuso- ha superado los rivales de uno en uno; muchos se han precipitado durante los primeros kilómetros mientras Chuso permanecía en la retaguardia. Ha dejado que los primeros se le escaparan casi un par de minutos; la marcha es una prueba desagradecida -Chuso recordaba sus dos últimas participaciones, en las que fue descalificado-. En la televisión se veía a atletas vomitando, a un ruso parando para ir al baño y a varios marchadores eliminados por no tener una buena técnica.


Pasadas tres horas desde el inicio de la prueba, sólo resisten los más fuertes. Los precipitados maldicen el momento en que aceleraron; los deshidratados se acuerdan del bote que lanzaron antes de terminarlo; y los que no van bien repasan mentalmente qué ha podido fallar. Pero todos ellos coinciden en un aspecto: mientras te lamentas, te alentas. Y Chuso llega desde atrás a ritmo, con tenacidad y constancia. No sé cómo fue la carrera de Stuttgart pero sé cómo ha sido la de Berlín. En el kilómetro 30, Chuso marchaba octavo; en el kilómetro 40 ya estaba quinto y a meta, sin siquiera aparentar sufrimiento, llegó tercero sólo 21 segundos más tarde que el segundo.


Él mismo ha declarado "no sé lo que tengo, supongo que mucha ilusión". Lo cierto es que lo primero que ha hecho al cruzar la línea de meta ha sido aupar a sus dos hijas. Así, con el seguimiento de los más queridos, es fácil pensar que seguirá marchando. Barcelona 2010 pasa a ser el próximo objetivo aunque antes, en noviembre -cuando cumple 40 años- quiere correr la maratón de Nueva York; me pregunto qué marca puede hacer si marchando pasa los 42km sobre tres horas.
Aquella medalla de oro de 1993 fue el inicio a una carrera deportiva envidiable; y esta medalla de bronce de 2009 es un capítulo más, pero no el epílogo. Espero -y deseo- que nos quede Chuso para rato. Él, al menos, no padece el paso del tiempo como los demás: en Stuttgard terminó en 3h41'41" y hoy ha hecho 3h41'37". ¡Qué grande eres!

Un mundial poco familiar


Los genes del atleta son el valor más preciado que poseen; hasta nuevo aviso, vienen determinados por los progenitores y en las manos -y piernas- del deportista está sacarles partido. Durante años se ha confirmado esta teoría que amenazaba, a través de familias numerosas, la disputa de medallas. Las hermanas Dibaba, de Etiopía, se especializaron en las pruebas de fondo y de cross; las hermanas Kallur, de Suecia, destacaron en las vallas cortas; los hermanos Bekele... no necesitan presentación.


Pero en este mundial no hay hermanos (o yo no los he visto). De las dos habituales Dibaba -Tirunesh y Ejegayehu- ninguna está presente y la responsabilidad recae en la pequeña Genzebe que el sábado correrá la final de 5000m. Sin embargo, no le falta experiencia; a su corta edad ya ha ganado dos veces el mundial de cross júnior.


Bekele tampoco ha ido a Berlín acompañado. Su hermano Tariku, campeón del mundo de 3000m en Valencia, no ha corrido nada este año. Y de las hermanas Kallur ninguna se ha presentado. Parece que este mundial ha repudiado los genes pero no es así. Según lo cuenta "papá Masai", la miel y sus genes son la base del éxito de sus hijos, Linet y Moses:


“We both [papá y mamá Masai] called on them [Linet and Moses] to run since I knew the talent was within me and they had inherited it. I weaned them on honey to help reduce stomach upsets, especially while running the long distance to school”.


Según cuenta en el Daily Nation, el bosque del Monte Elgon (casi en la frontera con Uganda) está lleno de árboles indígenas con propiedades medicinales. Así, la miel que producen sus abejas es un buen alimento para reducir las molestias intestinales y dar la fuerza necesaria a los peques para que vayan a la escuela corriendo.


Moses es el primero y Linet la cuarta de una familia de diez hermanos. Con sus resultados en Berlín (tercero Moses y primera Linet, ambos en 10.000m) se han embolsado una cantidad de 14.000.000KSh (unos 140.000€) entre los premios de la IAAF, los de la federación keniana y los de Nike. Y la saga continua: Denis, que ha participado en algunos croses en España, viene pisando fuerte y en breve se prevé la llegada de Magdaline a los grandes campeonatos, otros Masai que corroborarán el valor de los genes en estas horas flacas.
La noticia del Daily Nation, aquí.
En la foto, de izquierda a derecha, Moses, Linet y Denis.