viernes, 5 de marzo de 2010

La táctica

El ritual de los últimos días, en cuanto a entrenamientos, no tiene mucho misterio. Se trata básicamente de llegar descansado a la competición y tan motivado como sea posible. En mi caso me gusta salir a trotar y notarme rápido y cómodo; cada día con menos kilómetros. Pero hay muchos otros detalles o manías.

Los calcetines para competir ya están preparados, no sea que los utilice hoy y por un descuido queden en el fondo del cubo de la ropa sucia. Lo mismo ocurre con el pantalón, la camiseta, los manguitos... Por si llueve un poco o hace demasiado sol, la gorra también está preparada. Y por la tarde compraré los botellines de agua -los Aquarel de Nestlé, con dibujos de los Looney Tunes en tamaño 0,33 y tapón sport, son perfectos- para prepararme los avituallamientos.

Esta mañana he repasado mi corte de pelo, he rasurado mis piernas y recortado con cuidado las uñas de los pies. Todo parece a punto para vencer la distancia de 42 kilómetros y 195 metros. El cuerpo parece a punto; la mente... también requiere un toque de atención.

Recuerdo que en diciembre de 2003, el día antes de viajar a Edimburgo para disputar el campeonato de Europa de cross junior (donde quedé 11º y fuimos terceros por selecciones), había ido al cine. Me invitaron a ver "Lágrimas del sol" (Tears of the sun): una americanada muy patriótica pero con unos paisajes y una música dignos de Oscars. Desde entonces su soundtrack es para mí lo que Gladiator para Guardiola. Su autor es Hans Zimmer que, entre muchas otras, ha compuesto las bandas sonoras de Rain Man, Paseando a miss Daisy, El rey león, Piratas del Caribe, Gladiator y El último samurái.


Escuchando esta canción no me da miedo ninguna distancia ni ningún ritmo, pero la prudencia me manda ser económico en mi correr y así planteo la carrera en tres etapas: desde el inicio hasta el kilómetro quince, el ritmo será de 3'12" a 3'15" (teniendo en cuenta que el primer 5000 es hacia arriba); a partir de entonces, el ritmo debería aumentar hasta 3'10"-3'12" otros quince kilómetros; y en la tercera etapa... ya no decido yo. Me gustaría cruzar la media maratón por debajo de 1h08'00" y notar que voy cómodo, fluido.

jueves, 4 de marzo de 2010

La libreta

En julio de 2005, en la ciudad alemana de Erfurt, me apodaron "el de la libreta" o algo parecido. Eran Francisco España y Arturo Casado, que dos días después se proclamaron medallas de bronce y de oro, respectivamente, en el campeonato de Europa sub-23 de 1500. Yo quedé séptimo en el 10.000 y el apodo llegó por el modo de planificar la carrera.


Sabiendo que la federación concedía becas a los 8 primeros -y atendiendo que mi marca era la decimoquinta o decimosexta de los participantes-, planteé una carrera conservadora, a ritmo, viéndolas venir de lejos y no gastando un ápice de fuerza si no era necesario. Y salió bien: en el ecuador de la prueba se rompió el grupo, se escaparon ocho corredores que en cuestión de segundos me aventajaron casi 100 metros, pero yo seguí impasible, a ritmo, con un italiano que trotaba de manera constante. Iban pasando las vueltas y el grupo delantero empezó a perder unidades: primero Rubén Losada (el otro español en el 10.000) y luego creo que Michel Butter (el holandés). El italiano y yo les adelantamos y en el sprint final, después de muchas vueltas cómodo detrás del italiano, conseguí la séptima posición.


Desde las gradas, con Fermín Cacho como responsable de la federación, se me acusó de conservador pero se me felicitó por estratega. Y nació el apodo: "el de la libreta"; se me comparó con un asesino que tiene una lista de víctimas y va tachando nombres en la libreta a medida que desaparcen del terreno de juego. La mismo libreta tendré que utilizar el domingo si quiero hacer una buena maratón.


Y parece que, con altibajos, he mantenido la constancia. Aquí está lo escrito el día 7 de diciembre en mi libreta de entrenamientos:


Después de muchos meses sin apuntar los entrenamientos, con muchos bajones anímicos y de rendimiento, con un interrail, seis semanas de master en Zaragoza, un viaje a Macedonia y un inicio de temporada con la camiseta del Laietània de Mataró bastante prometedor (3º en la Behobia, 1º en las 5 millas de Cerdanyola, 29'59" en los 10km de Basilea y 3º en la mitja marató de Mataró, hoy 7 de diciembre de 2009 faltan tres meses exactos para la MARATÓ DE BARCELONA y empieza el periodo específico, con la estabilidad de un trabajo de media jornada en el geriátrico de Canet y cinco semanas de entrenamiento en Eldoret (Kenia), antes del test del 14 de febrero: la media maratón de Barcelona.


Y aquí está el resumen de kilómetros semanales para las 12 semanas que ha durado la preparación específica de la maratón, intercalando semanas de volumen con otras de descarga y sombreando las que he pasado en Eldoret, a más de 2000m de altitud. El domingo sabremos si ha sido una buena planificación:



miércoles, 3 de marzo de 2010

Un "mzungu" en Eldoret


Este el título de la noticia aparecida hoy en EL PUNT, el periódico local de Catalunya que contiene "EL 9" en su interior: el único periódico deportivo íntegramente en catalán. La noticia habla del tiempo que he pasado en Kenia, de mi último resultado en la media maratón de Barcelona y del próximo evento que será la maratón del domingo. Además, comenta que el atletismo me viene de familia (con anécdotas incluidas) y algún recorte del blog como las experiencias que viví en Kapkoi.


Espero que sea de vuestro agrado; en este link tenéis la versión digital de la noticia y podéis ver también las fotos en color: Dan y yo después de entrenar en la pista de Iten y rodeados de niños; durante el cross Discovery Race; y entrando en segundo lugar en la media maratón de Barcelona.

PD: en el link de EL PUNT existe la opción de traducir el texto a muchísimos idiomas, seleccionando entre los que hay en una pestaña desplegable de la derecha.

lunes, 1 de marzo de 2010

I can do it

El mensaje es claro: yo puedo hacerlo. Ha empezado la cuenta atrás; sólo faltan seis días y toda motivación es bienvenida. Hay que creerse capaz.



jueves, 25 de febrero de 2010

Zapatillas de maratón


El primer modelo que calcé para una maratón fue el Mizuno Wave Revolver; era el maratón de Amsterdam de 2007 y yo era muy feliz estando de Erasmus en Holanda, con mis 23 años. Fue un tanteo a la distancia y acabé en 2h27'. Me faltó entrenamiento, por supuesto, pero también un poco más de suela. Las Mizuno Wafe Revolver son un modelo muy bueno para 10 kilómetros y media maratón, pero demasiado ligeras para la maratón entera.


Unos meses más tarde, porque la experiencia no fue mala, corrí la maratón de Valencia. En esta ocasión calcé las ASICS DS Racer y, de nuevo sin exigirle el 100% al cuerpo, terminé con 2h25'. La experiencia fue mucho más positiva y, especialmente, noté que la amoriguación de las zapatillas era adecuado incluso a partir del 35. Los lectores antiguos recordarán que éstas eran las zapatillas naranjas: aquí la explicación de cuando las estrené.


Sólo unas semanas más tarde hice de liebre a Alessandra en Rotterdam y de nuevo utilicé las ASICS DS Racer. A un ritmo más cómodo (2h29') las zapatillas respondieron perfectamente. Y si no recuerdo mal, su última carrera fue la media maratón de Göteborg de 2008, donde tenía mi marca personal hasta hace apenas 10 días. Después se las regalé a mi hermano y acabarían en algún rincón de Jerusalén.


Ahora es el momento de correr otra maratón, pero mucho más importante. Ahora no busco tantear la distancia, rodar durante 42 kilómetros... No; ahora busco exprimir mi cuerpo al máximo y arañar todos los segundos posibles al cronómetro. Durante semanas pensé que utilizaría las ASICS HyperSpeed (me resultaron bien en la Behobia y la media maratón de Barcelona, así como en casi todas las pruebas del interraíl y los 30kms de Ohrid), pero no me atrevo. Las veo demasiado ligeras, demasiado poca cosa para garantizarme una buena maratón. Regresaré a las ASICS DS Racer.


Con sólo unos gramos más que la HyperSpeed, la DS Racer es de las únicas zapatillas ligeras que añade una media suela y amortiguación gel en el antepié. Considero que los gramos de más (no creo que sean más de 30) compensan el aumento en la estabilidad y en la comodidad que puedo necesitar al acercarme a las dos horas de carrera. Mis músculos sufrirán mucho y mi zancada se puede volver poco a poco menos efectiva; si las zapatillas pueden retrasar y disminuir este efecto... el resultado lo reflejará.


PD: Esta noche, para los que vivís cerca de Sant Pol, a las 21 horas me entrevistan en Canal Català del Maresme, dial 16 de la TDT.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cuestión de altura

Dicen los que conocen el tema, que bajar de las alturas no es tan fácil como parece. Si exsite una aclimatación al subir, también existe un proceso similar al bajar y lo estoy comprobando. Se sabe que después de pasar unas semanas viviendo y entrenando en altitud, el número de glóbulos rojos presentes en la sangre ha aumentado. Esto significa que la sangre es capaz de transportar más oxígeno hasta los músculos y, por lo tanto, el rendimiento físico es mejor. Pero hay "jet lag".


La producción de glóbulos rojos se estimula por el déficit de oxígeno en altitud, pero al volver al nivel del mar ese déficit ya no está presente y al cuerpo le "sobran" glóbulos rojos. Los primeros dos o tres días no pasa nada; parece que el cuerpo no se da cuenta todavía o que no quiere precipitarse y, por lo tanto, el rendimiento es casi óptimo: condiciones de nivel del mar con prestaciones corporales de altitud. Ahí quedó la media maratón de Barcelona: menos de 48 horas después de aterrizar desde Kenia y el resultado demostró que fue una buena elección.


Pero a partir de ese día todo cambió. Sumado al desgaste de la media maratón -con marca personal, claro- el cuerpo descubrió que ya no estaba a más de 2000 metros y se adaptó. No es una sensación agradable descubrir que los rodajes a cuatro minutos el kilómetro son más difíciles en casa que en Eldoret, que las series de 2000 salen casi al mismo ritmo que hace unas semanas mientras entrenaba con poco oxígeno, etc. Por suerte, al cabo de una semana, las sensaciones vuelven a ser buenas, el cuerpo responde a los entrenamientos más exigentes y de nuevo se puede volver a competir.


He aquí la síntesis de la situación: después de pasar unas semanas en altitud, las competiciones tienen que situarse en los dos o tres días después de bajar o a partir del día diez; de no hacerlo así, uno se arriesga a competir con "jet lag" en el cuerpo y desaprovechar los beneficios del entrenamiento en altitud. La media maratón ha salido bien; ahora falta rematar con la maratón y confirmar que la planificación ha sido un éxito.

lunes, 22 de febrero de 2010

La cara y la cruz de Eldoret


Lo que más sorprende de pasar un año fuera de Eldoret y volver no es que se acuerden de ti los voluntarios de Ex-street children; lo más sorprendente es que se acuerden de ti los niños de la calle. Yo también me acordaba de algunos de ellos; fue grato saber que muchos -a los que cogí más cariño- habían regresado a sus casas y a sus respectivos colegios. Ojalá hubiera tenido tiempo para visitar Lodwar, donde està Kevin Lorio, o ver de nuevo a David Bob, esta vez luciendo un uniforme de colegio en lugar de harapos. Pero otros seguían en la calle, y se acordaban de mí.


Ellos son la cruz, los que conocen la asociación Ex-street children y su trabajo, pero no son capaces de dar el paso para recibir ayuda. La vida en la calle es ingrata pero nadie te pide nada a cambio; nadie te exige ninguna responsabilidad: sólo tienes que sobrevivir y tú decides cómo. Quizá porqué el año pasado me invitó a tomar una taza de té en una casucha en la que nunca me habría atrevido a entrar, este año me acordaba especialmente de Ana. El año pasado podíamos hablar más o menos en inglés, pero este año ya no sabe hablarlo: ¡lo ha olvidado! Pero recuerda mi nombre y que yo le había prometido un regalo -una bicicleta, me había pedido- la próxima vez que viniera.


Le regalo una camiseta de color azul celeste -la de los 10km de Strömstad- que destaca sobre su piel negra y, especialmente, sobre la suciedad de sus ropas habituales. La luce orgullosa, también al día siguiente y todos los demás días que la veo. Y sonríe siempre que me ve, pero no consigo entender por qué escoge quedarse en la calle. Otras chicas como ella -casi todas están enfermas, casi todas tienen por lo menos un bebé...- han ido a Ex-street children. Ellas son la cara de esta realidad (como las chicas de la foto): con problemas pero con la voluntad de seguir adelante, de ayudarse mutuamente y de agradecer una pequeña ayuda como el alquiler de una casita de barro o el dinero necesario para comprar comida para ellas y para sus criaturas. A cambio, sólo tienen que abandonar la vida en la calle, el consumo de pegamento u otras drogas y unirse a los "peer groups" que Ex-street children monta para este colectivo: aprender canciones, primeros auxilios, perruquería, mecánica o lo que les apetezca con la voluntad de poder ser autosuficientes en un plazo no muy largo.


Queda mucho por hacer y ojalá poco a poco se consigan resultados mejores, pero llega un momento en el que uno descubre que el dinero no es el único problema: hace falta comprender qué pasa, por qué los niños y las niñas abandonan sus casas y deciden vivir en la calle.