
No me suena que la Marta de Palencia tenga la misma habilidad en los fogones que la Marta de la película, pero qué manera de sazonar un deporte. Si hace sólo dos días decía que no esperaba ninguna medalla para España, ahora puedo tragarme esas palabras con mucho gusto.
Marta, que se crió ganando corderos en el cross de Venta de Baños, sigue dando al atletismo español las mejores alegrías. Esa chica júnior que se proclamó campeonado de Europa de 1500 en 1993 y subcampeona del mundo en la misma distancia una año más tarde, desconocía que su broche de oro llegaría en los obstáculos. Por aquél entonces, los obstáculos eran sólo para hombres y a Marta le quedaba mucho por descubrir: subió al 5000, luego al 10000, cosechó medallas a montones... y se lanzó a los obstáculos.
Pero los obstáculos no la recibieron del todo bien. En la mente de todos están las imágenes de Pekín, cuando luchando por la medalla de bronce se trastabilló en el penúltimo obstáculo. Ese día apenas pudo levantarse pero su mentalidad ganadora y su afán de superación la han llevado a lo más alto. Pekín queda ahora tan lejos como esos primeros croses en Venta de Baños. Una medalla de oro ayuda a olvidar muchos malos momentos y, de nuevo, ver la cinta rosa enarbolarse al entrar en meta es significado de que las cosas han salido bien.
Mi duda está en saber si esta victoria es el final de un capítulo o el principio de otro. Dentro de doce meses se celebrará en Barcelona el campeonato de Europa de atletismo. ¿Correrá Marta los obstáculos o seguirá añadiendo retos a su vida con la maratón? Haga lo que haga, seguirá siendo la deliciosa Marta que consigue levantar a los españoles del sofá y soltar un grito de alegría (y algún euro en las apuestas, claro), mientras cruza la línea de meta con la cinta rosa en la mano, esa que le regaló su abuela cuando era una adolescente.