lunes, 14 de julio de 2014

Un CV animado

Durante los últimos días, y porque la temporada ha llegado a su fin a causa del bajo estado de forma, me he animado a versionar mi currículum en formato vídeo. Espero que os guste, tiene su gracia. Aunque por desgracia se ha subido con poca calidad gráfica.

sábado, 28 de junio de 2014

Tiempo de pista

Una vez finalizada la maratón de Estocolmo y con el regusto amargo de un mal resultado, las ganas para entrenar no había dónde encontrarlas. Y porque el mes de junio es un mes muy dado a los controles de pista (en especial los miércoles en Serrahima, pero hay más), las últimas semanas me he dedicado a no entrenar más que dos o tres veces -en total, no "a la semana"- y a competir media docena de carreras. Es tiempo de pista.

El atletismo de verdad, el del cronómetro en mano, es quizá más desagradecido que el maratoniano pero tiene sus puntos a favor. La mayoría de competiciones son gratis -o casi- si estás federado (aunque no esperes ninguna bolsa del corredor) y, salvo que te lesiones, puedes competir y competir y competir sin el temido riesgo de sobreentrenamiento. Es más, cuanto más compites más en forma te pones.

Pero digo que es desagradecido porque está regulado hasta las centésimas y el puesto, el mayor consuelo en las carreras de asfalto, no importa para casi nada. Lo que cuenta es seguir superándose y si el listón está alto, como es mi caso, las posibilidades de fracasar son demasiadas.

Llevo tres años sin mejorar ninguna de mis marcas personales. La última fue en 2011, en la maratón de Barcelona (2h18'08") pero tengo que bucear hasta 2010 para ver una marca en pista: los 14'09"28 del 5000 de Mataró. Y voy camino de un año más. Pero me lo estoy pasando en grande, que al fin y al cabo es de lo que se trata en este deporte y en esta vida. Porque lo de ganar dinero lo dejo para otros; a mí me gusta más gastar poco, que por algo soy catalán.

El caso es que desde el 31 de mayo que me hundí en el asfalto sueco, mis zapatillas de clavos se han convertido en mi apósito favorito. Después de una transición en forma de 10 kilómetros en Martorell a favor de la Salud Mental (y con un jamón como premio), las zapatillas de clavos me han acompañado en dos cincomiles, un tresmil, un milqui y un mil. Y no estoy hablando de series, que en Canet nuestra pista es de arcilla y nunca nos ponemos clavos. 

Tirando en el 5000 del día 11 de junio (Foto: J. Sebastià)

Estas competiciones me mantienen en forma y más o menos competitivo. Estoy lejos de mi nivel de antaño y me pregunto si alguna vez lo recuperaré. Las marcas que antes me parecían fáciles ahora me resultan imposibles y cada día que pasa me pregunto más cómo viviré el atletismo a partir de ahora. Le he dedicado muchas horas y he recibido varias calabazas así que la conclusión es, ahora mismo, que me lo tomaré un poco más a la ligera. Y volveré a empezar por los cimientos.

Por ahora, nada de pensar en maratones ni en marcas personales. Seguiré con las carreras que más me gustan (la Behobia, en su 50ª edición, es la gran estrella de los meses por venir) y volveré al cross como si fuera de nuevo un cadete o un júnior. Intentaré viajar para ver mundo y participar en las carreras más inverosímiles a las que tenga alcance. Y me esforzaré en cada competición como no lo he hecho antes para conseguir el mejor tiempo posible (porque quizá ahora no lo valore, pero dentro de unos años eso que me parecía fácil resultará imposible).

PD: Para los amantes de la estadística, mis resultados de estas semanas han sido los siguientes:
  • 11 de junio: 5000ml (Serrahima, Barcelona) 14'49"03
  • 18 de junio: 1500ml (Serrahima, Barcelona) 4'01"14
  • 21 de junio: 3000ml (Bilbao) 8'27"51
  • 25 de junio: 5000ml (Serrahima, Barcelona) 14'57"09
  • 27 de junio: 1000ml (Granollers) 2'35"4

martes, 3 de junio de 2014

La caja de los truenos

A veces estas cosas pasan. A veces sueñas que la carrera será diferente; te imaginas entrando en el estadio olímpico y poder levantar los brazos de felicidad. Porqué has ganado. Porqué has hecho marca personal. Porqué has corrido bien. Pero no fue así. Llegué al estadio olímpico de Estocolmo destrozado y paré el reloj con rabia. Caminé algunos metros y me tiré al suelo. Estaba roto física y mentalmente. 

Disfrutando del estadio olímpico con Paula antes de calentar (Foto: M. Rotich)

En los últimos años, la maratón de Estocolmo se solía ganar con marcas cercanas a mi récord personal (2h18'08"). Escogí esta maratón para intentar ganar, sabiendo que esto siempre es difícil y que el circuito es ondulado. Quería verme en el grupo de cabeza, disputar las posiciones con mis rivales, incluso ser capaz de lanzar un ataque. Pero no fue así. La caja de los truenos explotó demasiado pronto.

Mi estado de forma era bueno y podía soñar con mejorar mi marca personal, aunque de manera más humilde me conformaba con bajar de 2h20'. La táctica era sencilla: estar en el grupo de cabeza si el ritmo no era exagerado (no correr a 3'10" o menos) y desear pasar la media maratón entre 1h07'30" y 1h10'00". Si había suerte, el grupo se mantendría unido hasta el kilómetro 30 y a partir de ahí ya no hay mucha táctica posible: verlas venir o, si tienes un día inspirado, tensar un poco. Pero no fue así. El ritmo se aceleró a partir del kilómetro 10 y me quedé solo.

Cruzando la meta, parado el reloj (Foto: M. Rotich)

Los dos primeros parciales de 5000 fueron rápidos pero agradables, con un grupo compacto y a 16'04"-16'06". Y ahí se acabó todo. El grupo aceleró y yo les dejé ir: doce atletas africanos salieron en estampida y atrás me quedé yo, completamente solo, manteniendo el ritmo por lo menos hasta el kilómetro 15 (16'00"). Con la vista en el grupo delantero, analizaba qué corredores parecían más flojos y esperaba que se descolgaran pronto para poder juntarme con ellos o adelantarlos (que esto siempre motiva). Pero nadie se descolgaba y yo empezaba a perder algo de ritmo (16'37").

El paso por la media maratón, después de un kilómetro entero con subida y viento en contra, me empezó a preocupar: 1h08'46". Según la previsión inicial era un paso ideal, pero no contaba con pasar por aquí tan solo y con las sensaciones de que sería muy difícil doblar.

No se veía nadie por delante ni por detrás. Hasta el kilómetro 30 no me adelantó el primer atleta y aunque intenté seguirlo no fui capaz. Ya llevaba un rato haciendo números y pensando si era mejor llegar o pararme. Creo que me ayudó a no pararme el hecho de no saber cómo llegar a meta (ni cuánto tardaría) si salía del circuito y dejaba de correr. 

Destrozado (Foto: M. Rotich)

Otros atletas se pararon y varios me adelantaron. La sensación era cada vez más desagradable, los parciales cada vez más lentos y mis ganas de acabar cada vez más intensas. ¿Por qué todo había salido tan mal? Te vienen pensamientos como estos a todas horas. No fallé un poco, fallé demasiado. Te preguntas si has hecho algo bien porque no es normal correr tan lento después de entrenar tan bien, llegar descansado, preparado. Cambias detalles de la preparación para conseguir el objetivo que tienes previsto y te quedas tan lejos que ya no sabes ni qué tienes que hacer para seguir mejorando.

El atletismo es de los pocos deportes en los que puedes quedar el último y sentirte orgulloso porque te has superado. Corremos para mejorar, competimos para demostrarnos que con el entrenamiento somos más rápidos, más fuertes o más resistentes que antes. Y todo ello se desmorona cuando van pasando los años y no eres capaz de seguir mejorando. Y duele más cuanto más esfuerzo, tiempo y dedicación le pones. Duele mucho.

domingo, 18 de mayo de 2014

Una preparación diferente

Faltan dos semanas para la maratón de Estocolmo, mi objetivo del año. No es una maratón rápida, pero es una maratón disputada. Nadie dice que ganar sea fácil, pero por lo menos entra dentro de las posibilidades. Tiene algunos puentes, puede hacer calor (o frío), se empieza a las 12 del mediodía y hay premios para los 8 primeros. En la línea de salida habrá corredores con mejor marca que yo (mucho mejor, seguro) pero yo llego bien preparado y como en esta maratón no hay liebres... mi objetivo es mantenerme en el grupo de cabeza tanto tiempo como sea posible. Esto, en la mayoría de las maratones que se disputan en Europa, es prácticamente imposible a día de hoy. Y esta es mi motivación.

He entrenado de manera diferente a otros años. El principal cambio ha sido retrasar la maratón hasta finales de mayo, en lugar de competir en marzo. Esto me ha dado tiempo para ir asimilando el volumen de manera gradual y, además, poder competir en el campeonato de España de 10.000 para ganar algo de ritmo competitivo.

Otra diferencia es que he entrenado en altitud gracias a Run In Africa (en esta ocasión en Etiopía) pero regresando a nivel del mar a un mes de la competición objetivo. De esta manera he podido acumular volumen a 2700 metros sobre el nivel del mar pero sin descuidar la calidad al nivel del mar. 

En cuanto a la calidad, aunque he hecho tiradas largas me ha gustado mucho fraccionar los kilómetros y hacer algo así como series largas a ritmo de competición o tiradas con recuperación. En las dos últimas semanas me he fijado en trabajar los 20 kilómetros con dos formatos diferentes: 4x5000 y 2x10000. 

Y para acabar con los cambios, me voy a concentrar mucho en hacer un tappering exigente: llegar completamente descansado a la maratón con dos semanas en lugar de sólo una. 

¿Os gusta la planificación? ¿Cambiarías algo? Yo por ahora estoy muy contento pero pasada la maratón analizaré bien el resultado con mi entrenador y veremos dónde podemos seguir mejorando de cara a los próximos retos.

martes, 6 de mayo de 2014

Los 25 kilómetros de Berlín

25 kilómetros es una distancia tan atípica a la hora de correr que a menudo hay que recalcular las marcas para entender su valor. Es decir, si os digo que he hecho 1h20'53", ¿sabes realmente si es un buen resultado? Con las medias maratones y las maratones enteras, tenemos nuestros valores de referencia y rápidamente colocamos la marca en un cajón o en otro. Pero con los 25 kilómetros no.

Lo mismo ocurre a la hora de afrontar la distancia. ¿A qué ritmo salgo? Mi idea era buscar un paso por la media maratón similar a mi récord (1h04'57") y seguir así hasta la meta. Este ritmo me podía llevar a 1h16' o 1h17'. Y como el circuito es muy llano y venía de entrenar en la altitud de Etiopía, realmente me creía capaz. Pero no lo conseguí.

El plantel de salida de la Big 25 Berlín siempre es muy alto. Este año, para no ser menos, estaban el doble campeón del mundo de maratón, Abel Kirui; el ganador de la maratón de París 2013, Peter Some; y muchos otros con marcas inferiores a los 60 minutos en media maratón. Eso significaba una cosa muy clara: correría solo.

Mapa de los 10, 21 y 25kms de Berlín

Salí con ganas y disfrutando de una larguísima recta con viento favorable que me llevaría a cruzar la puerta de Brandenburgo. Y el ritmo era correcto, aunque presumía que sería complicado de mantener en la vuelta. Lo que no me esperaba es que perdiera tanta velocidad. Sobre el kilómetro 13, nos reunimos con los corredores de la media maratón (que habían atajado unos kilómetros) y eso significa tener que adelantar a muchos corredores. Pero el circuito es ancho y no molesta; incluso motiva. Pero aunque la sensación de velocidad es alta porque adelantas a muchos corredores, el ritmo seguía cayendo. Y pasé la media maratón, después de un repecho matador, en 1h08'10". Definitivamente, mucho más lento de lo esperado.

Pero luego me adelantó un corredor de relevos (se puede participar con un equipo de cinco atletas, cinco kilómetros cada uno) y me pegué como una lapa. Fue el único momento en toda la carrera en el que corrí acompañado. Y lo agradecí mucho.

No íbamos mucho más rápido, pero fui mucho más cómodo. Recuperé algo de ritmo y terminamos con un esprint (que perdí) dentro del estadio olímpico de Berlín. Basta decir que la entrada al estadio, por el túnel animado con tambores y luces de colores, es apoteósica. El estadio no estaba lleno, claro, pero parece que vayas a ganar unos Juegos Olímpicos. Te creces. Te gustas. Disfrutas. Lo pasas genial. Quieres repetir.

PD: mi clasificación final fue 11º y, con la marca conseguida, he establecido el récord de Catalunya de la distancia. Mi primer récord; ojalá no sea el último.

sábado, 26 de abril de 2014

La ceremonia del café


Es difícil confirmar que el café nació en Etiopía, pero sí resulta claro que aquí se consume abundantemente y que está riquísimo. También es cierto que la influencia italiana ha traído máquina expreso y ahora no todo el mundo prepara el café de la manera tradicional.

El café, ya molido, esperando a hervir (Foto: M. Rotich)

La manera tradicional de preparar café en Etiopía necesita un ingrediente básico: el tiempo. Quien lo quiera para el desayuno, se tiene que mentalizar en levantarse una hora antes. Pero no os preocupéis, la ceremonia del café está más indicada hacia la calma de la tarde o el encuentro con los amigos, así que el tiempo ya no es un problema.

Para empezar, hay que tostar los granos verdes de café. Esto se hace en una de esas cocinas tipo “camping-gas” pero de carbón. En Kenia se las llama jikos, pero no sé cómo se llaman aquí. Tostar los granos de café desprende un aroma agradable que empieza a situarte en el ambiente, pero todavía queda hasta que puedas tomar una taza.
Café negro y tradicional servido directamente a la taza (Foto: M. Rotich)

Cuando los granos están bien tostados y se han desperdiciado los que no tienen buena pinta, llega el momento de molerlos. ¡Pero no de cualquier manera! Los granos se muelen en un mortero de madera oscura gracias a los golpes que reciben rítmicamente. Este pum-pum todavía desprende más aromas que el simple tostado de los granos y se acerca la hora de la verdad.

Cuando el café está molido se introduce en una tetera de barro que se calienta de nuevo sobre las brasas del carbón. Se añade agua dentro y se deja hervir. Los expertos dicen que las primeras veces que se usa esa tetera el café no sabe bien, porque todavía no está impregnada de sabor. Se tienen que llenar todos los poros del aroma del café para que sea una buena herramienta.
En ocasiones se le puede dar un toco aromático (Foto: M. Rotich)

Mientras el agua está hirviendo, se suele preparar también incienso, que se mezcla con el olor a café recién tostado y molido. Y por si faltara algo más, a los etíopes les gusta “picar” algo mientras toman el café y no se les ocurrió nada mejor que preparar palomitas.

La conclusión es que aparece una mezcla de olores bastante peculiar, pero el gusto del café recién preparado supera todo lo demás. Y dice la tradición que tienes que aceptar tres tazas para ser un buen huésped. En cuanto al azúcar, no te preocupes: los etíopes se ponen más que tú.

PD: Alguna modalidad tradicional de café consiste en mezclarlo con mantequilla. Lo he probado y no os lo recomiendo.

viernes, 18 de abril de 2014

Yaya Village



Cada vez hay más alternativas para ir a entrenar en altitud, pero Yaya Village no es un destino más. Es un destino único. Y Run In Africa lo ha elegido entre muchos otros para ofrecer a sus clientes la oportunidad de entrenar en un lugar idílico.

Kaleab, etíope y fundador de la empresa Run In Africa, me cuenta que la labor de búsqueda fue larga y exhaustiva. No es fácil encontrar un hotel (o similar) que sea cómodo, seguro, económico (o al menos ajustado en el precio) y que cumpla todas las necesidades que requiere un atleta. Pero Yaya Village lo tiene casi todo. Ya verás.

Ideal para venir en familia (Foto: M. Rotich)

Está situado a las afueras de Addis Abeba, la capital de Etiopía. Si el tráfico no es horrible, se tarda una media hora en llegar desde el aeropuerto.  Atrás quedan los coches, la contaminación y el ajetreo de una ciudad con varios millones de habitantes. Fuera del Yaya Village, de hecho, hay demasiada tranquilidad (le iría bien un núcleo urbano cercano para ofrecer un poco de entretenimiento, pero seguro que con el tiempo llegará).

Así amanece en Yaya Village (Foto: M. Rotich)

La altitud de esta zona es considerable. Entre los 2600 y los 2700 metros sobre el nivel del mar, los entrenamientos cuestan una barbaridad. Pero se supone que al volver a casa el rendimiento será muchísimo mejor. De hecho, varios atletas africanos escogen este lugar para hacer sus preparaciones de cara a las competiciones más importantes. Ahora mismo está aquí Ayanleh Souleiman, de Djibuti, que acaba de proclamarse campeón del mundo de 1500m en pista cubierta. Y hace unos días se fue Abubaker Kaki, de Sudán, que también suele alojarse aquí con asiduidad. Algunos etíopes, como GenzebeDibaba, no duermen aquí pero vienen a utilizar el gimnasio. Y atletas extranjeros, como Ryan Hall, deciden vivirlo en sus propias carnes para ver las diferencias entre entrenar en Flagstaff o aquí. Y el lunes, en la maratón de Boston, veremos si le ha salido bien.

Y así sale la luna llena (Foto: M. Rotich)

Yaya Village cuenta con más de 20 habitaciones dobles, pensión completa, gimnasio (con sauna y baño de vapor) y un carril de 900 metros dentro de la parcela para hacer trotes de descarga o cualquier otro tipo de ejercicio. Por supuesto que no lo tiene todo y en la lista de “cosas pendientes” apuntaría que le hace falta llegar a un acuerdo con Bekele para que la pista no cueste 15$ por visita. Tampoco tiene un desayuno muy variado, aunque es suficiente. La piscina, que siempre da mucho juego, está en fase de construcción. Y en ocasiones se echa en falta un poco más de información sobre los circuitos por los que correr (la zona es bastante ondulada por los alrededores y cuesta encontrar caminos largos y llanos por los que hacer tiradas largas). Pero, en general, es un lugar idílico para entrenar. Sólo tienes que armarte de paciencia durante la primera semana hasta que te adaptes un poco a la altitud. A partir de ahí… a disfrutar como un enano del entorno y de su gente.