miércoles 10 de febrero de 2010
Esto es Kenia
domingo 7 de febrero de 2010
Más Kapkoi
Al salir de la oficina de Ex-street children el viernes por la tarde, sabiendo que un matatu hasta Kapkoi nunca tardará menos de dos horas, me decido a ir en moto. Mientras el matatu cuesta 100KSh, negocio con el motorista que me llevará (aunque no sabe dónde está Kapkoi) el precio de 400KSh. Empieza la carrera; yo sé que el trayecto corto entre Eldoret y Kapkoi es de menos de 30 kilómetros, pero no conozco el camino. Son poco más de las seis de la tarde.
Seguimos la carretera hasta Kaptagat a la máxima velocidad que da la moto. Aprovecho para decir que las motos aquí son de calidad china y se venden en los supermercados por precios alrededor de los 700€. Al llegar a Kaptagat se termina el asfalto y empieza el camino de baches por dentro del bosque. Sobrepasamos las siete de la tarde, el cielo va oscureciendo; al fondo se ven relámpagos mientras algunas gotas caen sobre nuestras cabezas. Hace rato que no vemos gente, sólo algunas vacas de vez en cuando. Llegamos a alguna intersección y el motorista me pregunta hacia dónde debe ir; cómo si yo supiera el camino. De Kapkoi sólo conozco la casa de Japhet y la tienda donde compré saldo para el móvil mientras esperaba el matatu que me llevaba a Iten.
La oscuridad es absoluta y me acuerdo del maldito motorista que al salir de Eldoret sólo puso 100KSh de gasolina (un eurillo, poco más de un litro). Intento llamar a Dan pero su teléfono está fuera de cobertura (en casa de Japhet hay que salir para recibir llamadas). De repente encontramos alguien en el camino; no dice que Kapkoi está más adelante, pero no sabemos si hacerle mucho caso, parece borracho.
Llegamos a una tienda de carne-restaurante. El motorista me pregunta de nuevo y yo le contesto que esa tienda me suena, por decir algo. El aprovecha para preguntar en el interior si puede conseguir gasolina y un chico le dice que conoce dónde le venderán un poco, se monta en la moto y damos la vuelta. ¡POR FIN! Es tan oscuro que sólo me doy cuenta que estoy en Kapkoi cuando la moto da la vuelta y reconozco la tienda donde compré saldo. Empiezo a saltar de alegría (con cuidado, vamos tres en la moto). Ponemos gasolina de nuevo y le indico al motorista dónde queda la casa de Japhet.
El cuentakilómetros dice que hemos tardado 57 kilómetros en llegar: menudo rodeo. Siento lástima por el motorista y le pago 500KSh, aunque por otro lado pienso que me la ha jugado, porque yo escogí ir en moto para llegar antes y ya son más de la 8. Da igual, seguro que él lo ha pasado peor que yo.
Entro en casa de Japhet y se parten de risa cuando les cuento la aventura. Ya casi han terminado de preparar las pizzas y el queso que traigo de Eldoret llega en el momento justo. Disfrutamos la cena y a la cama.
El sábado por la mañana Dan me acompaña los primeros kilómetros del rodaje. Me toca tirada larga y la solución que habíamos decidido ayer era que podía ir corriendo de Kapkoi a Eldoret, así cambiaba los caminos de siempre y descubría que la mejor manera de unir Kapkoi con Eldoret es corriendo: ni motos ni matatus. El camino más corto es de 28 kilómetros y, si vas rapidito, son poco más de 1h40' (aunque tiene truco, por Kapkoi está a 2400m mientras que Eldoret a sólo 2000. Ha sido un entrenamiento para enmarcar, empezando los primeros 10 kilómetros a 38'12” como calentamiento. Los siguientes, a 33'50” (3'23”, más rápido que en el cross de Discovery) y los últimos 10, porque he seguido un poco por Eldoret para hacer por lo menos 30 kilómetros, a 34'50”. La media del entrenamiento, de 30,5kms, sale a 3'33”, con más de 20 kilómetros por debajo de 3'330”. Y hoy, a disfrutar de la media maratón de Eldoret como espectador.
viernes 5 de febrero de 2010
The african cyclist

martes 2 de febrero de 2010
Discovery Kenya cross country
Ahora, en el 2010, la carrera sigue presente en Eldoret pero está en manos de Nike y no es coto exclusivo del doctor Rosa; todos los mánagers que quieran conocer las nuevas promesas del atletismo mundial están ahí presentes. Y hay mucho que ver.
Las carreras empiezan sobre las 9 de la mañana. El Sports Club de Eldoret se llena de niños y niñas, vestidos de calle y sin zapatos, que ostentan un dorsal de color naranja sobre el pecho. Abundan los vestidos de flores en las niñas y los pantalones de vestir en los niños; cualquier ropa es buena para demostrar al mundo entero que la calidad está en la persona, no en los complementos. ¡Y cuánto nos cuesta aprenderlo!
Después de los niños, que corrían dos kilómetros, empiezan algunas categorías mayores como cadetes y juniors, aunque no queda muy clara la separación. Lo habitual en Kenya es que las carreras se anuncien por kilómetros, no por categorías. Está la de 4, la de 6, la de 8 y la de 12. Y yo corrí la de doce.
Participar en un cross en Eldoret supone la realización de un sueño. Estar en la línea de salida, a dos mil metros de altura, rodeado de los mejores corredores de cross y maratón y viendo alrededor sólo cuatro o cinco mzungus, permiten dudar un poco. Por un momento pienso que estoy en el lugar equivocado pero luego entiendo que no. Es el lugar indicado, pero hace falta tomárselo con calma. Mi carrera no va con los primeros, ni siquiera con el pelotón, aunque mi amigo Philip se encapriche en preguntarme qué premio hay para el ganador. Mi carrera consiste en disfrutar el momento, escuchar mi cuerpo y exigirle el máximo sin importarme que detrás mío apenas haya nadie. Y empezamos.
La primera vuelta (son seis vueltas de dos kilómetros) es una estampida. Si no voy el último, poco me falta; pero mantengo el tipo, alcanzo mi ritmo crucero y poco a poco adelanto a varios atletas. Lo que más rabia me da es que se retiren delante de mí o, más aún, que al verse adelantados por un mzungu aceleren de manera descontrolada durante veinte o treinta metros. Lo cierto es que me da rabia pero se convierte en un entretenimiento. A algunos atletas les adelanté cinco o seis veces.
Van pasando las vueltas, sigo adelantado atletas y, aunque paso un poco de crisis en la cuarta vuelta, me recupero y en la sexta sueño volar: adelanto por lo menos a diez atletas y ya no tienen fuerzas para esprintar cuando les adelanta el mzungu. Llego a meta en 40'54” (si son 12km, la media sale a 3'24”); el ganador, Joel Kimurer, ha tardado sólo 36'14”. Pero soy el primer mzungu; los demás se han retirado y Dan ha sido el segundo. Nuestro entrenamiento en Kapkoi ha dado sus frutos y los dos seguimos en pie para nuestros respectivos asaltos al maratón: yo en Barcelona, Dan en Lake Biwa (Japón), ambos el 7 de marzo.
domingo 31 de enero de 2010
Kapkoi: la verdadera Kenia
Después compramos víveres y agua y montamos en un matatu superpoblado que nos llevaría hasta Kapkoi: 17kms, 60 minutos. Kapkoi es un pueblo que no sale en los mapas, un par de tiendas de servicios mínimos (saldo para el móvil, arroz, azúcar, leche y poco más), una escuela y alguna que otra casa diseminada por ahí. Es el pueblo de Japhet Korir, el keniano que suele vivir en Goteborg y buen amigo mío y de Dan; según me cuentan, también es el pueblo de Robert Cheruiyot, el que ganó 4 veces la maratón de Boston, pero en la Wikipedia dicen que nació en Kapsabet.
Kapkoi es un lugar ideal para entrenar. Las vistas quitan el aliento, el bosque por el que rodamos está lleno de monos y, en los días claros, se puede ver el polvo que levantan los elefantes allá a lo lejos, mientras se desplazan. Está a más de 2400m sobre el nivel del mar y carece de agua corriente, pero hay cobertura para el teléfono y la tierra es tan rica que no hace falta sembrar semillas en la granja, con que se dejen unas unidades por ahí esparcidas de la última cosecha, la lluvia las hará germinar de nuevo. Así es más o menos como funciona la granja de Japhet, unas 4 hectáreas de terreno y una casita de tres diminutas habitaciones, un salón confortable y una cocina que hace de recibidor.
Para no engañaros, os diré que cuesta un poco adaptarse. La comodidad de los grifos supera cualquier otro deseo; el agua está distribuida en bidones y para ducharse se calie
Han sido dos días en Kapkoi, dos días muy divertidos donde la luna llena ofrecía una claridad inusual a la noche; dos días de entrenamiento no muy exigente para llegar con fuerzas al cross de hoy: la Discovery Race.
jueves 28 de enero de 2010
Los futuros campeones
martes 26 de enero de 2010
Matoke
No sé si escribí en este blog que ya no soy celíaco; por si acaso, refresco el tema. Los últimos análisis que me hicieron no lo dejaban claro y la doctora me recomendó que hiciera dieta estricta sin gluten durante un año y que valorara los cambios en mis digestiones. Pero no me convenció y tengo mi explicación: si bien es cierto que en España suelo tener algunos problemas de barriga, cuando estoy en Kenia me encuentro perfectamente. Y no hago ningún tipo de dieta, simplemente como lo que come la gente de aquí.
El año pasado os hablé del ugali; este año os puedo hablar del matoke. El matoke (nombre ugandés) es el hermano del plátano y se cocina cuando está verde. Como plato, rico en carbohidratos, es mucho más sabroso que el insípido ugali y por su textura de puré puede conjugar con gran cantidad de alimentos o servirse como plato a parte. La receta, muy resumidamente, consiste en pelar los plátanos, trocearlos un poco, hervirlos (con todo lo que se quiera añadir como patatas, zanahorias, tomates...), añadir un poco de mantequilla o aceite y sazonar al gusto mientras se tritura con la herramienta más útil que encuentres en la cocina (que aquí no existe la moulinex).
Una vez terminado, y aunque quedan muchos tropezones, se puede acompañar de carne, ugali, arroz... En fin, una receta que os animo a probar si conseguís plátanos verdes en algún mercado; se tarda poco, es muy nutritivo y añade un sabor nuevo a la dieta. ¿Qué me decís?
La foto es de este blog, donde también podéis encontrar una receta más elaborada que la mía.




