jueves, 24 de septiembre de 2009

La cursa de la Mercè

Hace hoy 25 años... yo tenía cinco meses y algunos días. Pero yo no soy el protagonista de esta entrada, sólo el actor secundario.

Resulta que mi madre pidió fiesta en el trabajo (la Caixa), para participar en la cursa de la Mercè de 1984. Ahora se celebra en domingo, pero antes se disputaba el mismo día de la festividad. Después de su cuarto nacimiento (yo, el actor secundario que precipitó los hechos), mi madre abandonó el baloncesto porque requería demasiado compromiso el entrenar a diario en Barcelona y viajar todos los fines de semana a cualquier parte de España, incluyendo Canarias.

Ese día, el calendario me dice que fue lunes, mi madre viajó con mi abuela -su suegra- a la ciudad condal. Era la primera carrera oficial en la que participaba y no pudo salir mejor.

Por la tarde la saludaban por Sant Pol; habían escuchado su nombre en la radio. Al día siguiente, compañeros de otras oficinas de la Caixa la llamaban al trabajo para felicitarla. Había debutado con victoria en el mundo del atletismo y no fue la única que consiguió. Más adelante llegó la cursa dels Bombers, la media maratón de Barbastro, la de Banyoles, los 20km de Céret, la cursa de les bruixes y un largo etcétera.

Mi madre comenzó a correr por mí y yo comencé por ella; estamos compensados y me ha marcado el camino a seguir. Este sábado, por ejemplo, correré la media maratón de Barbastro que ella ya ganó hace bastantes años. Y quizá el año que viene prepare la cursa de la Mercè; siempre será un objetivo que tendré que cumplir.

martes, 22 de septiembre de 2009

Fotos de Macedonia


Antes de viajar a Macedonia os advertí de que Ohrid, donde se celebraba la carrera de 30km, era ciudad patrimonio de la Unesco. No quiero reproducir aquí un folleto publicitario (porque también veréis la realidad balcánica) pero sí un mini resumen de lo que fue el viaje.


Este es el interior de la catedral San Alexander Nevski, de Sofía (Bulgaria). Mientras yo me paseaba por su interior -repleto de frescos oscuros con pasajes del evangelio- un sacerdote ortodoxo bautizaba a un bebé. Pero mi visita a Bulgaria duró muy poco y subí al autobús-submarino (por lo de que todos fumaban) que me llevaba hasta Skopje, la capital de Macedonia.




En esta foto se pueden apreciar varios detalles. En primer lugar, que se necesita la traducción del alfabeto cirílico si quieres saber de dónde vienes y a dónde vas; en segundo lugar, que la vegetación en los Balcanes es enorme; y en tercer lugar, que 207km no son un par de horas.


Este autobús es el que recorría el trayecto de Skopje a Ohrid. A medio camino, en lo alto de un monte, para durante quince minutos para que los viajeros estiren un poco las piernas.



Ésta es la vista que tenía desde la habitación de mi hotel en Ohrid. Al fondo se ve el lago y las montañas que hay detrás de él tienen que ser de Albania.

Ohrid es una ciudad muy antigua y muchas de las casas se contruyeron en las laderas de la montaña, dejando tan poco espacio entre unas y otras que sólo diminutas escaleras pueden hacer la función de calle.

Los atardeceres a orillas del lago tienen muchas fuerza y en escasos minutos el cielo se tiñe de los colores del fuego mientras las barcas siguen inmóviles en las aguas tranquilísimas de esas horas.


Y en sólo media hora el sol desaparece por completo y la ciudad antigua queda iluminada por la luz artificial, creando un juego de luces y sombras que añade misterio a la igelsia más famosa de Ohrid: Saint John Kaneo.

martes, 15 de septiembre de 2009

España mola

¿Os acordáis de la disputa por Mario Mola? Pues acaba de proclamarse campeón del mundo de triatlón en Australia. Desde la última vez que escribí sobre él, Mario ha ganado el campeonato de España júnior de 5000 y ha terminado 5º en el campeonato de Europa júnior de 10000 (en Novi Sad, esa ciudad en la que yo no me quise quedar).


El fin de semana pasado ganó en Australia en triatlón, tomándose la revancha del segundo puesto del campeonato de Europa, y dentro de diez días participa en el mundial de duatlón, en Estados Unidos. Se añade más emoción a su disputa y, de cara a la galería, supera en pasión al sablista José Luis Abajo, Pirri.



PD: La comparación gráfica, que no es idea mía, viene del foro de atletismo.


lunes, 14 de septiembre de 2009

El viaje de casi 25 horas


El tren EC 176 sale todos los días de la estación internacional de Praga a las 8:40 de la mañana y el regional 15806 un poco antes, a las 8:29, desde Portbou; con un poco de paciencia y un mucho de raíles, se puede subir a ambos en días consecutivos. Esta es la historia del viaje de casi 25 horas, pero antes debería hablar de la carrera de Praga.


Como se puede ver en la foto, el Hilton de Praga ofrece albornoces para los huéspedes. Con estos lujos, Dan y yo empezamos a olvidarnos de la carrera y salimos a pasear la mañana por el centro de la ciudad. Y no fue hasta la hora de la comida que recordamos que teníamos una reunión de atletas a las 11 de la mañana, pero la ciudad nos encantó. Estaba abarrotada de turistas y seguramente no fue tan importante la reunión; nuestra obligación era correr rápido y no hacía falta que nos lo recordaran. Además, sabíamos que los premios no eran para nosotros.

La salida, programada para las 20:30, congregó a muchos de los turistas que por la mañana cruzaban el puente Carlos, el más antiguo y famoso de Praga, desde el que martirizaron a San Juan Nepomuceno lanzándolo al río envuelto en una piel de cabra. Sin embargo, este año está en obras y no es lo suficientemente ancho para que pase la carrera como sí ocurría antes. Se cambió el circuito, se añadieron giros por aquí y giros por allá que, sumados al adoquín que gobierna el centro histórico de Praga, convirtieron la carrera en un suplicio.

Mientras yo creía poder terminar en poco más de 30 minutos, llegué a meta en 31'38” y como 21º. Puedo alegar que mis piernas estaban cansadas de los 30kms del martes, pero no tanto. Me decepcionó la marca un poco pero, por otro lado, todos los atletas con los que hablé coincidieron en que el circuito era muy lento -y quizá largo-. Dan, por ejemplo, estaba entrenando para correr en menos de 30 minutos y llegó diez segundos detrás mío. Y lo mismo opinaba Phil Bandi, de Suiza.

Y para remediarlo, como buenos amigos, nos fuimos de cañas, después de cenar un poco en el Hilton. Si Praga es bonita de día y de tarde, también lo es de noche. Encontramos un bar muy tranquilo, en una calle silenciosa, donde tres pintas -juntas- costaban menos de 4€. Y tomamos dos rondas, mientras Phil nos contaba a Dan y a mí que a finales de noviembre se celebra una carrera de 10km cerca de su casa; por lo visto, a los atletas les invitan al Hilton y sería una buena manera de juntarnos de nuevo, ¿no creéis?

A la mañana siguiente -o unas horas más tarde- estábamos tomando el desayuno buffet (y yo haciéndome bocadillos para el viaje). Phil iba al aeropuerto para volar hasta Suiza; Dan se quedaría unas horas más en la ciudad y luego conduciría su magnífica furgoneta hasta Alemania; mientras, yo tomaría el EC 176 con destino a Dresden, el primero de los cinco trenes -y dos metros- que necesitaba para llegar a casa.

Todo el que haya cruzado en metro una ciudad, haciendo varios transbordos, conocerá la esencia de mi viaje; sólo hay que añadirle kilómetros. A las 10:40 llegué a Dresden, con sólo un cuarto de hora para coger el ICE 1548 con destino Frankfurt Süd. Estos trenes alemanes son muy cómodos y rápidos, pero Frankfurt está tan lejos que tardé cinco horas en llegar. El siguiente, un TGV, salía de Frankfurt Hbf a las 16:57 y necesitaba reservar asiento. Mientras enlazaba ambas estaciones con un metro, temí no encontrar plaza y, gracias a Dios, no tuve problemas. Con sólo 5€ de suplemento (el billete normal cuesta algo más de 100€), pude subir al orgullo francés. Este TGV 9552 recorre las ciudades de Alemania al tram-tram (unos 120km/h) para que notes el contraste al pisar el suelo francés. La última parada antes de París-Est y primera dentro de Francia, Forbach, está a casi 400km de la capital y, no obstante, en una hora y media se termina el viaje.

Llego a las 20:53 y el tren nocturno que tengo reservado sale a 21:56, pero desde París-Austerlitz. De nuevo subo al metro para cambiar de estación y empiezo a pensar en el ayuno que tengo que guardar para las pruebas médicas. Una vez dentro del Coráil Lunea me termino la fruta que me acompaña desde Praga y empiezo a dormir.

Me despierto cuando anuncian Perpignan y al cabo de poco el mar, con su amanecer característico en estos pueblos del mediterráneo, me da la bienvenida a casa. Llego a Port-Bou a las 8:20 de hoy, lunes y tengo nueve minutos para comprar el billete para el regional 15806, el que sale a las 8:29, que me dejará en Girona a las 9:32. Con un poco de paciencia y muchos raíles, se puede ir de Praga a Girona en 24h52m. Ahí me ha recogido mi madre para llevarme al hospital, donde hemos llegado con veinte minutos de adelanto (no me extraña, salí con más de un día de ventaja) y me han recibido con una papilla de color rosa que tenía que beber a grandes sorbos y dejar que circulara por mis intestinos. Pasados unos minutos han hecho radiografías de mi barriga y mañana me darán los resultados.

Siento mucho el retraso por publicar esta historia pero, como podéis comprobar, he estado muy ocupado desde que terminé la carrera en Praga.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Praga

Teneros desinformados durante tantas horas no ha sido mi intención. El ritmo del viaje ha pasado a la quinta velocidad y ni tiempo he tenido para encontrar wi-fi, corriente eléctrica y seguridad para escribir. Entre Skopje y Praga hay 1300kms (más o menos); el plan inicial era viajar de Skopje hasta Novi Sad, pasar allí el día y coger de nuevo un tren nocturno hasta Budapest y luego Praga. Pero lo cambié.

Serbia me llamó poco la atención y se me hacía muy largo esperar un día entero en Novi Sad para enlazar dos trenes nocturnos. Decidí llegar hasta Budapest, buscar alojamiento y por la mañana llegar hasta Praga, con menos sueño encima. Y dicho y hecho. Llegué a la capital húngara sobre las siete de la tarde, compré un poco de pasta en el súper para cenar (y una cerveza de medio litro) y dormí en el hostel que me recomendaron en la estación de tren.

Por la mañana he corrido al lado del Danubio antes de subir al EuroCity 170 que une Budapest con Berlín, pasando por Bratislava, Brno, Praga y Dresden. Y al llegar a mi parada, me esperaba una señora con mi nombre muy bien escrito en una hoja de papel para llevarme en coche (un Passat) hasta el Hilton.

Me gustaría adjuntar una foto mía, en pantalón corto y una mochila de la que cuelgan las zapatillas de competir haciendo el check-in en la recepción del Hilton, pero las pilas de la cámara se han agotado. Lo que sí os diré es que el Hilton no es nada del otro mundo; lo único que me ha llamado la atención es que se puede subir el volumen de la tele desde la ducha, con un interruptor que hay en la pared. Aparte de esto, nada. Incluso el wi-fi es de pago (estoy en una calle oscura pasando frío y con miedo a que me roben el portátil mientras os escribo esta entrada). Si no fuera porque están las comidas incluídas y alguien te hace la cama, casi es lo mismo que vivir en un albergue, pero compartiendo la habitación con sólo otra persona.

Espero, sin embargo, publicar otra entrada mañana en la que veáis un poco de Hilton y luego, a eso de las 20:30, acordaros que estaré haciendo turismo por el centro de Praga a unos 20km/h.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Solución


Queda muy claro que los que habías escrito comentarios en blog sabías a quién me refería. La madre Teresa de Calcuta, que nació en la ciudad de Skopje cuando todavía pertenecía al imperio otomano, fue bautizada con el nombre de Agnes. Un pequeño resumen de su vida, en la wikipedia.


El caso es que en centro de Skopje, donde estuvo su casa, han construido un edificio-monumento raro que a mí me gusta pero que otros creen que es horrible. Sea casualidad o no, los miércoles y los sábados son los únicos días que celebran misa en el piso superior (a las 17h y a las 7h, respectivamente) y, por lo tanto, he podido ir. Es una capilla acristalada en tres de sus cuatro paredes y se encuentra sólo diez metros por encima de la calle comercial de la ciudad, pero el aislamiento es perfecto. Incluso con las puertas abiertas, el bullicio pasa inadvertido ante el significado que tiene este emplazamiento.


Luego he visitado el bazar, el puente de piedra, unas calles hacia arriba y otras hacia abajo... y he vuelto al albergue para ver en la tele un resumen de más de media hora de la carrera de ayer. No he entendido nada de lo que decían, pero me he visto mucho.

Ahora cenaré un poco y a las 20:40 tengo el tren hasta Novi Sad. Me da un poco de miedo porque en la estación no hablan nada de inglés y en lugar de venderme la reserva para una litera, me han señalado la hora del tren. Ha sido algo como: "interrail go to train".

Pregunta

Sin mirar a Googles ni wikipedias, ¿quién nació en Skopje en el verano de 1910 y, aunque se llamaba Agnes, se hizo mundialmente famosa con otro nombre?

Hoy me toca turismo y ésta es una parte muy importante que no quiero perderme.