viernes, 12 de junio de 2009

Los receptores

A algunos lectores del blog os ha pasado lo mismo que me pasó a mí hace varios meses: quise buscar información sobre Ex-street children en internet y no encontré nada. Ya dije en alguna entrada que la asociación que fundaron tres antiguos niños de la calle es tan pequeña que ni siquiera tienen página web, ni el estatus de ONG ni sedes más allá que su oficina de alquiler en el Meadows Building de Eldoret, un edificio pluriempleado (hay bar, clases de universidad, restaurante, tienda de gominolas, oficina de empleo, tienda de consumibles...) que se encuentra a escasos metros del único hotel con comodidad occidental -hasta tiene piscina- de la ciudad: el Sirikwa Hotel.

Para dejar un poco más claro a qué se dedica esta asociación, que tiene por nombre completo el de Ex-street Children Community based Organization (ECCO), dejo a continuación el artículo que escribí para la revista Hacer Familia:


Kenia: la versión moderna de Oliver Twist

Desde estas páginas os hacemos llegar el testimonio en primera persona de Marc Roig, un lector de nuestra revista que tuvo la oportunidad de viajar a Kenia para trabajar como voluntario. Allí descubrió que la vida en este país no es nada fácil para los niños. El hambre, la pobreza extrema, las drogas, las secuelas de una guerra civil y las enfermedades son algunas de las desgracias que se ensañan con ellos.

Mientras en occidente los niños suelen pelearse por ser del grupo de los ladrones en el juego de “polis y cacos”, en muchas ciudades de África no tienen elección. Si deciden jugar, les toca ser perseguidos; si deciden no jugar, pueden morir de inanición. Eldoret, una ciudad a mitad de camino entre Nairobi y Kampala, hospeda unos 3.000 niños en sus calles.

La alta natalidad, sumada a la pobreza extrema de sus habitantes y sazonada por una reciente guerra civil, crean el clima perfecto para que muchos niños sean huérfanos o, simplemente, expulsados de casa si no deciden irse por iniciativa propia. Por esta situación pasaron Peter Njenga, Benson Juma y Joshua Mwaro, ahora treintañeros, con familias e hijos y muchas ganas de ayudar a los que todavía siguen en la calle. La vida les ha tratado de forma distinta a cada uno de ellos (Juma incluso tuvo una sentencia de muerte mientras estuvo en la cárcel), pero en sus caras puede verse que la misericordia y las segundas oportunidades son las mejores virtudes que podemos tener como seres humanos.

Primeras ayudas

Ex-street Chlidren Community based Organisation (ECCO) comenzó a rodar en el año 2001, cuando Peter y Joshua empezaron a colaborar conjuntamente. Los ingresos que conseguían los compartían con las necesidades básicas de los niños: medicinas, comida, ropa… Durante años se especializaron en ser voluntarios y en 2005 fundaron ECCO, con Juma completando el trípode. Todavía no es una ONG, solamente una organización local (CBO: community based organisation), aunque esperan dar el salto en 2010. Año tras año fueron creciendo administrativamente y, desde 2008, consiguieron un sueldo que les permitió dedicarse plenamente a los niños: casi 3000 euros anuales para cada uno.

En el verano de 2008, Save the Children les pagó el sueldo durante tres meses, y empezaron a trabajar conjuntamente: alquilaron una oficina en el centro de la ciudad, entrevistaron a decenas de voluntarios y recibieron formación sobre cómo tratar a los niños y qué objetivos marcarse. Acabada la aportación de Save the Children, el sueldo lo ha cedido Troy Smith, de Open Arms International, representante de esta organización en Eldoret.

Trabajando duro

Pero mientras el proyecto no arranque, hay mucho trabajo por hacer. Durante mi estancia de cuatro semanas con ellos había un total de 15 voluntarios. Cada lunes, a las 8:30 de la mañana y después de una invocación a Dios, se iniciaba el meeting semanal con los objetivos de cada uno. Día tras día se entrevistaban a infinidad de niños, a los que se les preguntaba de dónde eran, cuál era la situación familiar, cuándo llegaron a la calle y cuáles eran sus ambiciones para el futuro: volver a casa, volver al colegio o ambos. De entre todas las respuestas, volver a casa y al colegio era la ideal pero no siempre la mejor. En Kenia, aunque la poligamia está en recesión, puede ser constante en algunos entornos y complica el buen entendimiento entre padres e hijos; otras tribus son nómadas y resulta muy difícil encontrar a los padres de un niño que se marchó hace varios años. No obstante, si un niño está harto de la calle y quiere volver a casa, ECCO se encarga de buscar a los padres, entrevistarse con ellos y motivarles –psíquica y económicamente- para que acepten de nuevo a su hijo. Si el niño quiere volver a la escuela pero es huérfano o la situación familiar no le crea confianza, ECCO tiene la opción de llevarlo al Rescue Center (centro de acogida). Allí el niño tiene comida diaria, cama, sábanas y ducha. Durante dos o tres meses estará en observación y, pasado este periodo, se le llevará a una escuela pública. Sin embargo, no todos lo soportan. ¿Por qué? La vida en la calle es tan desagradable y desgraciada que los vapores del pegamento son la manera más sencilla y barata de sobrevivir. Con una dosis diaria, el hambre desaparece, la pena se esfuma y el sueño llega sin importar que el suelo sea duro y no haya sábanas para cubrirse. El pegamento se convierte en el compañero inseparable de todos ellos; es lo que llamaríamos “casa” en el juego de polis y cacos, el lugar en el que podemos descansar un rato y creer que estamos a salvo de todos los males. Pero la partida continúa para ellos y ningún silbato avisa de que el juego ha terminado. Muchos niños están tan enganchados a esta droga que prefieren continuar

con su adicción a seguir la disciplina de ECCO.

¿Cómo contacté con esta organización?

No cuento nada nuevo si digo que la crisis ha destruido mucho empleo en España. Yo soy fisioterapeuta, recién diplomado, y trabajaba como autónomo en un gimnasio. Al llegar las Navidades dejé el trabajo y me di de baja. Empecé a buscar por Internet. Quería hacer algo útil; fui enviando e-mails, rebotando de una dirección a otra hasta que se me abrió una puerta. José Antonio Camacho (http://www.voluntariosporelmundo.com/) me habló de ECCO y me animó a colaborar. En menos de una semana compré el billete de avión, me vacuné y partí hacia Kenia. Han sido sólo cuatro semanas y no he podido alargarlo porque estoy con un master en la Universidad de Zaragoza. Pero tengo intención de volver y, mientras tanto, buscar fondos e iniciativas durante mi estancia en España.

¿Cuál es el futuro?

ECCO tiene muchos proyectos para el futuro. Empezando por dar el salto de CBO a ONG, lo que les facilitaría recibir donaciones y extender su campo de actuación a otras ciudades. Entre los proyectos más incipientes está crear una página web, la casa de acogida propia para 20 niños y 10 niñas, así como presionar al gobierno para que les dedique un poco de atención. También quieren entrevistarse con los productores de pegamento, para llegar a un acuerdo con ellos sobre cómo impedir que los niños lo esnifen: colocarle un sabor nauseabundo, controlar la venta a menores…


3 comentarios:

Jaime N@v dijo...

Digno de admiración lo que haces por estos niños y si las autoridades deberían de hacer algo. El domingo con el MM de Leganés donamos los beneficios a Save the Children, sin duda es una pequeña gota para todo lo que hay que hacer.
Joder, después de oír las noticias el derroche con el rollo del futbol, es que me pone de mala leche.
Un abrazo, amigo Marc.

Ferran dijo...

Marc, fins que no he llegit l'article no m'imaginava la gran labor que portes entre mans. Molts d'ànims! M'ha fet moltíssima il·lusió veure't involucrat en una empresa solidària com aquesta. Una abraçada.

Marc Roig Tió dijo...

Muy buena idea lo de Save the Children, Jaime. (Y espero que la media haya salido bien)

Ferran, moltes gràcies. Espero que disfrutis amb el viatge.