Falta sólo un día y medio para la maratón de Barcelona y ya estoy instalado en casa, en Sant Pol. La última semana antes de una carrera importante, y especialmente una maratón, es habitual sentir dolores o sensaciones raras en todo el cuerpo; el volumen de entrenamiento baja de manera radical y casi puedo afirmar que no estamos acostumbrados a tanto descanso. Por lo tanto, nos sentimos raros.
Es una sensación casi asfixiante, porque uno no tiene la certeza absoluta de que llega a la carrera bien preparado. Aunque ya nada se puede hacer para remediarlo y quizá sí para estropearlo; lo más sensato sigue siendo descansar y no meter grandes palizas al cuerpo.
Por otro lado, nos cuidamos un poco más la comida y las horas de sueño, la bebida y casi cualquier detalle insignificante. No soy de los que tienen manías y evito ser muy estricto con todos estos detalles, pero cada cambio no planificado puede ser un revés para la mente: ¿me estará afectando el rendimiento? Un ejemplo, mi viaje de vuelta de Kenia.
Lo tenía organizado para la noche del viernes al jueves, con escala en Roma, pero esta nueva ruta de Kenya Airways no ha funcionado bien y se suspendió el vuelo. Me avisaron con tiempo y me cambiaron el vuelo a la noche siguiente, con escala en Amsterdam. Hasta ahí la cosa no andaba mal, pero salimos de Nairobi con un par de horas de retraso y perdí mi conexión en Holanda. En lugar de llegar a Barcelona a las 9:10 de la mañana, tuve que esperar hasta las 10:30 para coger un avión a París y desde allí otro a Barcelona, llegando finalmente a las 15:00.
Lo cierto es que mis piernas no han sufrido demasiado la noche a bordo y el ajetreo de aeropuertos, pero es un dardo más para la mente. Y luego vino el tema de las liebres.
Nacho Cáceres iba a encargarse de tirarme hasta el km.30, pero me mandó un e-mail ayer para decirme que no sabe qué le pasa, pero que no está bien y no puede ayudarme. Lo siento mucho por él, porque tiene unos planes muy ambiciosos y quizá se le tuerzan ahora, pero también lo sentí un poco por mí. Nacho es un atleta genial con quien me llevo muy bien y me alegraba tenerle de liebre, como ya lo hiciera el año pasado. Pero por suerte ya se ha encontrado quién va a ayudarme (Jaume Leiva y Mohamed Bembarka) y sólo falta que Nacho descubra qué tiene y se recupere pronto.
En fin, que son cosas que pasan y que no tienen más importancia, pero que en esta semana pueden parecer más graves. He aquí donde aparecen las palabras del
cardenal Newman al rescate (aunque él las utilizaba para otro tema): "
diez mil dificultades no hacen una sola duda". Por lo tanto, todo está listo para el domingo y mi confianza está entera: voy a mejorar mi marca personal.