miércoles, 28 de octubre de 2009
Se vende caravana
jueves, 24 de septiembre de 2009
La cursa de la Mercè
martes, 22 de septiembre de 2009
Fotos de Macedonia
Ohrid es una ciudad muy antigua y muchas de las casas se contruyeron en las laderas de la montaña, dejando tan poco espacio entre unas y otras que sólo diminutas escaleras pueden hacer la función de calle.
Los atardeceres a orillas del lago tienen muchas fuerza y en escasos minutos el cielo se tiñe de los colores del fuego mientras las barcas siguen inmóviles en las aguas tranquilísimas de esas horas.
Y en sólo media hora el sol desaparece por completo y la ciudad antigua queda iluminada por la luz artificial, creando un juego de luces y sombras que añade misterio a la igelsia más famosa de Ohrid: Saint John Kaneo.
martes, 15 de septiembre de 2009
España mola


PD: La comparación gráfica, que no es idea mía, viene del foro de atletismo.
lunes, 14 de septiembre de 2009
El viaje de casi 25 horas
Como se puede ver en la foto, el Hilton de Praga ofrece albornoces para los huéspedes. Con estos lujos, Dan y yo empezamos a olvidarnos de la carrera y salimos a pasear la mañana por el centro de la ciudad. Y no fue hasta la hora de la comida que recordamos que teníamos una reunión de atletas a las 11 de la mañana, pero la ciudad nos encantó. Estaba abarrotada de turistas y seguramente no fue tan importante la reunión; nuestra obligación era correr rápido y no hacía falta que nos lo recordaran. Además, sabíamos que los premios no eran para nosotros.
La salida, programada para las 20:30, congregó a muchos de los turistas que por la mañana cruzaban el puente Carlos, el más antiguo y famoso de Praga, desde el que martirizaron a San Juan Nepomuceno lanzándolo al río envuelto en una piel de cabra. Sin embargo, este año está en obras y no es lo suficientemente ancho para que pase la carrera como sí ocurría antes. Se cambió el circuito, se añadieron giros por aquí y giros por allá que, sumados al adoquín que gobierna el centro histórico de Praga, convirtieron la carrera en un suplicio.
Mientras yo creía poder terminar en poco más de 30 minutos, llegué a meta en 31'38” y como 21º. Puedo alegar que mis piernas estaban cansadas de los 30kms del martes, pero no tanto. Me decepcionó la marca un poco pero, por otro lado, todos los atletas con los que hablé coincidieron en que el circuito era muy lento -y quizá largo-. Dan, por ejemplo, estaba entrenando para correr en menos de 30 minutos y llegó diez segundos detrás mío. Y lo mismo opinaba Phil Bandi, de Suiza.
Y para remediarlo, como buenos amigos, nos fuimos de cañas, después de cenar un poco en el Hilton. Si Praga es bonita de día y de tarde, también lo es de noche. Encontramos un bar muy tranquilo, en una calle silenciosa, donde tres pintas -juntas- costaban menos de 4€. Y tomamos dos rondas, mientras Phil nos contaba a Dan y a mí que a finales de noviembre se celebra una carrera de 10km cerca de su casa; por lo visto, a los atletas les invitan al Hilton y sería una buena manera de juntarnos de nuevo, ¿no creéis?
A la mañana siguiente -o unas horas más tarde- estábamos tomando el desayuno buffet (y yo haciéndome bocadillos para el viaje). Phil iba al aeropuerto para volar hasta Suiza; Dan se quedaría unas horas más en la ciudad y luego conduciría su magnífica furgoneta hasta Alemania; mientras, yo tomaría el EC 176 con destino a Dresden, el primero de los cinco trenes -y dos metros- que necesitaba para llegar a casa.
Todo el que haya cruzado en metro una ciudad, haciendo varios transbordos, conocerá la esencia de mi viaje; sólo hay que añadirle kilómetros. A las 10:40 llegué a Dresden, con sólo un cuarto de hora para coger el ICE 1548 con destino Frankfurt Süd. Estos trenes alemanes son muy cómodos y rápidos, pero Frankfurt está tan lejos que tardé cinco horas en llegar. El siguiente, un TGV, salía de Frankfurt Hbf a las 16:57 y necesitaba reservar asiento. Mientras enlazaba ambas estaciones con un metro, temí no encontrar plaza y, gracias a Dios, no tuve problemas. Con sólo 5€ de suplemento (el billete normal cuesta algo más de 100€), pude subir al orgullo francés. Este TGV 9552 recorre las ciudades de Alemania al tram-tram (unos 120km/h) para que notes el contraste al pisar el suelo francés. La última parada antes de París-Est y primera dentro de Francia, Forbach, está a casi 400km de la capital y, no obstante, en una hora y media se termina el viaje.
Llego a las 20:53 y el tren nocturno que tengo reservado sale a 21:56, pero desde París-Austerlitz. De nuevo subo al metro para cambiar de estación y empiezo a pensar en el ayuno que tengo que guardar para las pruebas médicas. Una vez dentro del Coráil Lunea me termino la fruta que me acompaña desde Praga y empiezo a dormir.
Me despierto cuando anuncian Perpignan y al cabo de poco el mar, con su amanecer característico en estos pueblos del mediterráneo, me da la bienvenida a casa. Llego a Port-Bou a las 8:20 de hoy, lunes y tengo nueve minutos para comprar el billete para el regional 15806, el que sale a las 8:29, que me dejará en Girona a las 9:32. Con un poco de paciencia y muchos raíles, se puede ir de Praga a Girona en 24h52m. Ahí me ha recogido mi madre para llevarme al hospital, donde hemos llegado con veinte minutos de adelanto (no me extraña, salí con más de un día de ventaja) y me han recibido con una papilla de color rosa que tenía que beber a grandes sorbos y dejar que circulara por mis intestinos. Pasados unos minutos han hecho radiografías de mi barriga y mañana me darán los resultados.
Siento mucho el retraso por publicar esta historia pero, como podéis comprobar, he estado muy ocupado desde que terminé la carrera en Praga.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Praga
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Solución
