viernes, 13 de noviembre de 2009

Recuperarse de la Behobia

Puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que la Behobia ha sido una de las carreras más duras que he corrido; he participado en carreras más largas, pero nunca con la impresión de que si aflojaba un pelín me alcanzaría el grupo perseguidor. Y a los lectores les ha hecho gracia mi dieta pre-competición. Ahora toca hablar de los días posteriores a la Behobia.


A nivel de entrenamiento, he descansado bastante. La zona interna e inferior de la rodilla (la pata de ganso) me dolía bastante y no quería forzarla. Un poco de rodaje por aquí, otro poco por allá y autotratamiento de la zona: masaje profundo y deslizamiento medial de la tibia respecto del fémur. Pero al ser una lesión tendinosa, hace falta algo más.


Durante la carrera de fisioterapia (y sabiendo que algún día me gustaría terminar la carrera de nutrición), nos hablaron de la importancia que tiene la dieta en la recuperación -y prevención- de las lesiones. Y más o menos lo aplico, aunque siempre leyendo los enunciados como me apetezca.


El tendón está formado por colágeno y éste, por aminoácidos. Los mejores alimentos para conseguir aminoácidos son la leche y los huevos (que no faltan en mi dieta ni en el chocolate con churros, jeje) y también en la carne. Pero para reconstruir el colágeno dañado hace falta también alcalinizar el medio, subir el pH. Y aquí entra una tradición otoñal que no me quiero saltar:

Las castañas son un alimento de bajo aporte calórico, muy ricas en vitamina C y en magnesio y sin apenas grasa, con gran potencial alcalino. Además, prepararlas en casa siempre implica un poco de fiesta, por aquello de prender el fuego y sufrir -como demuestra mi cara- que cerca del fuego uno casi se quema mientras espere que le fotografíen.


El arte está en encontrar otros alimentos que ayuden a recuperarse de la lesión y, además, combinen entre ellos. Y aquí entra el vino: resulta que los estudios han demostrado que los compuestos fenólicos del vino estabilizan el colágeno e incluso inhiben la colagenasa, la enzima que se dedica a degradar el colágeno. Y a Dan le hizo mucha gracia ver cómo los catalanes nos bebemos el vino.

PD: todo sea para no lesionarse.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Al mal tiempo, buena cara


Esta foto apareció en la edición del lunes del Diario Vasco. El pie lo deja claro, pero yo añadiría algo: me equivoqué de fotógrafo.


Como sabía que Sergio me esperaba en el puente del Kursaal, intenté sonreír (y Michelena inmortalizó el momento). Sólo veinte metros más adelante, la sonrisa despareció y dejó paso al sufrimiento por la que estaba cayendo (y Sergio inmortalizó el momento).

martes, 10 de noviembre de 2009

Menudo fin de semana en San Sebastián (II)

Como ya avisaba ayer, los truenos nos despertaron pasadas las cinco de la mañana. Las habitaciones de la cuarta planta del hotel San Sebastián tienen terraza, pero no pudimos ni asomarnos; al horizonte, a ratos, dejábamos de ver el Atlántico por la densidad de la lluvia. Y seguimos durmiendo hasta las siete y media, cuando bajamos a desayunar.

Poco más allá de las ocho anduvimos hasta la estación de tren. Un servicio especial conectaba San Sebastián con Irún, donde unos autobuses lanzadera nos acercaban a Behobia. Y aunque todavía no habíamos corrido, se respiraba mucha humanidad; varios atletas vestían bolsas de basura, el mejor chubasquero desechable nunca inventado y que nosotros no teníamos.


Nos dedicamos a seguir a la multitud; la zona de la salida iba convirtiéndose en caótica por momentos. Un camión recogía las bolsas de los corredores; la lluvia daba un momento de tregua y el frío ponía la piel de gallina; calentamos arriba y abajo una calle poligonal; nos hicimos una foto con la bandera de la Real (todavía ahora no sé por qué) y sonó el disparo de la salida.

El viento soplaba de cara y la creencia popular promulgaba que soplaría de cara durante los 20km. Los grupos se hacían y desacían cada pocos segundos; todos los atletas buscaban rebufos; Chema jugaba a los abanicos con sus dos compañeros del primer kilómetro... Atrás tiraba Rafa Iglesias y un larguísimo rosario le seguíamos, un rosario que iba perdiendo cuentas. Roger Roca cedía un par de metros y varios le adelantamos; Martín Fiz perdió el enlace con Rafa y tanto Asier Cuevas como yo le adelatamos. Y Rafa seguía a la aventura y yo me fui a por él; lo conseguí, pero el ritmo era demasiado alto para mí: iba a la caza de Chema. No habíamos recorrido ni dos kilómetros.


Cayó piedra, llovió a mares, sopló el viento y se calmó el día. Rafa atacó a Chema antes de coronar el Alto de Gaintxurizketa. Un motorista me cantaba las referencias con el dúo de cabeza mientras yo le preguntaba cómo iban los de atrás. Me perseguía un grupo de siete, a veces a veinte segundos, a veces a cuarenta. El público no paraba de animar, me decían que Chema estaba ahí delante, que lo tenía a tiro y yo sólo me preocupaba de saber si los de atrás se acercaban o se alejaban. Por ahora se alejaban.


Y llegué a Lezo. Ander suele ver la Behobia desde allí, buscando entre la muchedumbre a todos sus amigos (hasta que se marea con la marea humana y se va a casa). Para evitarle ese estado, le aseguré que pasaría de los primeros, de los que no mareamos. Y le vi en la parte derecha de la carrera, con su abrigo del Tour de Francia; y me acerqué a él para chocarle la mano mientras me gritaba que estaba haciendo un carrerón y que bien me merecía una txapela "así de grande" (mientras separaba los brazos tanto como se lo permitían los hombros).


Cada vez faltaba menos y las fuerzas se me agotaban. Buscaba los carteles de los kilómetros con deseperación mientras calculaba que si llevaba más de medio minuto a los perseguidores, era casi imposible no quedar tercero. A Chema hacía rato que no le veía, pero me daba igual. Mi única preocupación a partir de ahora era llegar al puente del Kursaal y poner buena cara, porque Sergio me estaba esperando allí con su cámara. Y lo intenté, pero unos segundos antes se enfureció de nuevo la naturaleza; tanto, que en el puente sólo quedamos Sergio y yo:



Y aquí acaba la crónica de la carrera, la mejor que he corrido nunca: la Behobia-San Sebastián. Supongo que a partir de ahora será una clásica de mi temporada y, como dije hace pocos días, seguiré entrenando y mejorando para conseguir la txapela, ahora que ya sé todo lo que significa.



[Esta última foto es de DJMARY; tenéis muchas más de la carrera en http://www.fotorunners.es/]

lunes, 9 de noviembre de 2009

Menudo fin de semana en San Sebastián (I)

La aventura del pasado fin de semana ha sido tan intensa que necesitaré un par de entradas al blog para explicarla entera. Comienza el viernes por la tarde, cuando subimos al coche, en Sant Pol de Mar, mis padres, Dan y yo. Hasta Pamplona, primera parada, tenemos unas cinco horas.

Llegamos allí a la hora de la cena y Mòmo nos esperaba impacientemente -y Joana también- para sentarnos a la mesa y disfrutar de una sopa de puerros riquísima y un poco de carne a la plancha. El piso de Mòmo no es muy grande y tuvimos que robar algún colchón de los vecinos para poder dormir todos: mis padres en el sofá cama, Joana en su cama y Mòmo en el nido, yo en la cama de Mòmo y Dan en el colchón prestado. Salió a la perfección, dormimos de una tirada y al día siguiente corrimos unos metros del camino de Santiago para mover las piernas.

A mediodía habíamos quedado en San Sebastián con amigos de Mòmo y Joana, pero en mi coche sólo cabíamos cinco. Los vecinos de Mòmo, que son geniales -son los que nos prestaron el colchón-, nos cambiaron el coche por un día. Empezaba a diluviar y nos constó un buen rato encontrarnos; nuestras caras reflejaban esa desesperación y el amigo de Mòmo, Ono, recomendó tomar algunos pintxos para fortalecernos. Entonces aprovechamos para llamar a Sergio y familia, que también pasaron por ahí a tomar algún pintxo. Lo comitiva crecía y crecía mientras los pintxos se agotaban y llegó el momento de ir a comer. Los suegros de Ono habían preparado pasta y pescado en honor a los atletas, pero fue muy difícil complacerles; sólo pude con un pelín.








Fuera seguía lloviendo y nos teníamos que ir. Dan y yo debíamos dejar las maletas en el hotel y recoger los dorsales en el Kursaal, mientras llamábamos a Ander para vernos un rato y proponernos nuevas aventuras el uno al otro. Nos separamos (Dan, mi madre y yo a por los dorsales; los demás [Mòmo, Joana, mi padre, Hono, su mujer y sus dos niños] a por Ander) y nos encontramos en el puente del Kursaal. Paseamos por las calles del centro, visitamos una iglesia -no recuerdo cuál- y entramos en un bar a tomar chocolate caliente con churros. El frío apretaba y Ander tenía que irse (quedamos en vernos en Lezo -km 12 de la Behobia- al día siguiete) y lo mismo hizo mi familia, que dormían de nuevo en Pamplona. Ono y su familia nos dejaron en el hotel y Dan y yo nos relajamos un momento.


El día había sido agotador y decidimos que lo mejor que podíamos hacer era cenar algún pintxo e ir a la cama. Al final tocaron cuatro por cabeza y un par de cervezas cada uno, lo mejor para conciliar el sueño, hasta que algunos truenos sobre las cinco de la mañana nos empezaron a despertar. Pero eso ya forma parte de la segunda entrada sobre la Behobia, la que espero publicar mañana.

viernes, 6 de noviembre de 2009

De Behobia y txapelas


Ahora que ya sé lo que significan las txapelas (tenéis que leer este blog), me dará más rabia no ganar en la Behobia-San Sebastián. Pero espero pelear duro y quedar cerca del podio, lo más cerca mejor, y año a año acercarme al título de txapeldun.


Toda la información de la carrera, en la página web: http://www.behobia-sansebastian.com/

martes, 3 de noviembre de 2009

Planeta Running


Aquí está el artículo sobre el interrail que he publicado en Planeta Running, una revista amena sobre el correr y demás extravagancias. Espero que os guste y, si queréis, la encontraréis en los quioscos españoles.

Podéis leerlo completo pinchando aquí.

PD: Se aceptan críticas, por aquello de ir mejorando. No descarto hacer una segunda edición del interrail con zapatillas y espero organizarlo con más tiempo para que seamos un buen grupo de amigos y atletas los que corramos para no perder el tren. ¿Qué os parece la iniciativa?

domingo, 1 de noviembre de 2009

El día a día

He empezado a trabajar en la UIC, pero sólo un día a la semana. Los demás días me aburro bastante y gracias a la compañía de Dan van pasado de manera más agradable. Él ya está recuperado de su maratón en Varsovia y juntos vamos metiendo kilómetros a las piernas. Tantos y tan bonitos, que una vez incluso nos llevamos la cámara para sacarnos fotos. He aquí algunas:





Como os podéis imaginar, colocábamos el temporizador y veníamos corriendo, y a veces no fue tan fácil conseguir el plano.


Luego, si es un día soleado, acabamos en la playa con un baño reconstituyente.