Ayer domingo se celebró en Eldoret una media maratón. Al parecer, se celebran varias al cabo del año (yo conocía la Discovery Race que organiza el doctor Rosa por el mes de febrero) pero ésta era otra, patrocinada por el Family Bank. Lo gracioso es que todas tienen el mismo circuito: siete vueltas de 3 kilómetros y con llegada delante del comercio o patrocinador principal. Por lo tanto, en lugar de rodar por Iten como el resto de días de la semana, con Sergio nos apuntamos a la carrera.
Las carreras en Kenia son gratis: llegas, dices tu nombre (o lo deletreas, mejor) y te dan un dorsal. Puedes preguntar a qué hora es la salida, pero no te creas la respuesta que te den. Procura estar atento a la muchedumbre y actúa como ellos: conviértete en masa. Eso hicimos y, sin calentar, nos mezclamos con los demás atletas (todos africanos, una asiática y nosotros dos). Según el periódico, seríamos unos dos mil pero no puedo desmentir esto porque sólo sé que éramos muchos muchísimos. Y empezamos a trotar.
No sabíamos si era una salida neutralizada o un calentamiento en grupo, sólo seguíamos a la masa por las calles de Eldoret y vigilando de no caer en alguna zanja. Hicimos uno o dos kilómetros así y llegamos a un punto que nos pararon. Pidieron a las chicas que se pusieran delante y esperamos y esperamos. A veces creíamos que ya faltaba poco pero luego sabíamos que no. Mientras, algunos kenianos querían hacerse amigos nuestros. Entre comentario y comentario, empujones por aquí y por allá. Ahora detrás de una cinta, ahora delante, ahora la cinta se mueve para que todos los atletas estén detrás. La verdad es que todavía no sabíamos dónde estaba la salida ni en qué dirección, así que tranquilamente nos pusimos detrás del grupo y a seguir esperando.
En un momento dado, todo el mundo avanzó y sin que se escuchara un disparo o algo parecido, la carrera había empezado. Seguimos a la multitud y a los pocos metros cruzamos una ralla en el suelo que todavía no habíamos visto antes. La carrera acababa de empezar. El primer kilómetro es peligroso, especialmente si quieres salir tranquilo. La sensación es parecida a andar en bici por el carril central de un autopista. Y pasados unos minutos ya estábamos en nuestro lugar: casi atrás del larguísimo pelotón.
Los kilómetros no estaban marcados y aunque las vueltas eran de unos 3 kilómetros, era defícil saber el ritmo. Yo me propuse hacerlo por sensaciones y me salían las vueltas a 9'45" (con sólo unos cinco segundos de diferencia por arriba o por abajo, lo que me sorprendió por lo regular de mi ritmo).
Lo bonito de correr en Kenia es que te pasas la carrera adelantando atletas. Casi todos han salido a tope y luego optan por retirarse (la mayoría) o seguir a un ritmo más prudente. Algunos aceleran cuando les adelantas, pero sólo pueden hacerlo una o dos veces y luego desisten. Otros te quieren hacer de liebre y te piden que te pegues, pero al cabo de poco también les adelantas porque van lentos. Y poco más: así son las carreras en Kenia.
No puedo decir en qué posición entré porque no tengo ni idea, pero mi marca fue de 1h10'30" (a 157 de pulso medio y 165 máximo) y que Sergio se paró porque con tanto calor (más de 30ºC) se mareó en la tercera vuelta. Ha sido, en todo caso, un buen rodaje de calidad.