lunes, 11 de octubre de 2010

Iten-Eldoret

De Iten a Eldoret (desde Too Guest House hasta casa de Philip) hay exactamente 35km y éste fue el entrenamiento de ayer domingo; hay que reconocer que lo hice con pendiente a favor (desde los 2300 y pico de Iten a los escasos 2000 de Eldoret), en un tiempo de 2h11'18".



Sergio me acompañó un tramo, pero no todo porque ya está levantando el pie de cara a la maratón de Amsterdam del próximo domingo. Nos despertamos a las 6 de la mañana, como de costumbre, y tardamos algo más de lo habitual en ponernos en marcha. A las siete menos cuarto, sin desayuno en el cuerpo, empezamos un trote suave al lado de la carretera. Siendo domingo y tan pronto, la tranquilidad era absoluta. Ni siquiera mi corazón se impacientaba (el primer 5000 a 122, el segundo a 130...).

La mañana iba levantándose y la temperatura se acercaba a los 20ºC. Nosotros seguíamos a lo nuestro; qué fácil es correr en altitud si hace bajada: 20'48", 18'29", 19'07", 18'33"... Después de 20km me tocaba acelerar un poco y el recorrido ya no era tan favorable: 18'12" (en el 25 Sergio me dijo adiós y se subió a un matatu) y 17'39". Había cumplido 30km, la temperatura ya rondaba los 23 o 24ºC y la carretera se llenó de matatus, vendedores y devotos en peregrinación hacia sus respectivas iglesias. Ese último 5000 fue en 18'27" y como Sergio había llegado antes que yo a casa de Philip, me estaba esperando con un donuts de chocolate entre muchas otras viandas que desayunamos en compañía de los demás de la casa.

Total: 35km a más de 2000m de altitud, a 3'45" de ritmo medio y un pulso de 138, con un gasto energético de 1116kcal. Por la tarde espero adjuntar una imagen del recorrido.

El resto del día fue bastante tranquilo para recuperarme del esfuerzo y hoy lunes ya estoy de nuevo a la carga, aunque esta semana será un poco más suave y el viernes nos iremos de Kenia.

sábado, 9 de octubre de 2010

Lectura para el fin de semana

En este fin de semana que tenemos la maratón de Chicago (con Wanjiru y Pablo Vega entre muchos otros, claro), el Ironman de Hawai, la maratón de Melbourne (donde debuta Japhet Korir, mi amigo de Kapkoi, y quizá también corra Dan), la maratón de Eindhoven (con Félix Pont -el hermano de Mònica Pont- que estuvo durante el mes de agosto en la Too Guest House) y también la maratón de Victoria, Canadá, que algún día de este verano incluso tuve intención de comprarme un billete para ir a correrla; en este fin de semana, pues, os recomiendo coger una silla cómoda y leer "El maratón que no corrí", de David Álvarez, en FronteraD.

David ya pasó por este blog con el nombre de 2050. El pasado 25 de abril se quedó sin correr la maratón de Madrid por culpa de su cintilla iliotibial; recuerdo que pusimos en práctica la "telefisioterapia" y que durante unos días dió resultado, pero al final ese maldito tendón pudo con sus 600kms recorridos entre enero y marzo. Son cuatro páginas de experiencias escritas en un cuaderno japonés y, a través de ellas, nos veremos todos reflejados en más de una situación. Al fin y al cabo, los corredores somos esa gran familia que esconde los miedos detrás del mentol.

El propio David conoció el momento en que su rodilla dijo basta, al terminar un entrenamiento de dos vueltas a la casa de campo (32km) y lo describe sencillamente así: Y allí, sobre el fin, durante la segunda vuelta, me sentí en paz sumergido en el fracaso. Con el resorte de llorar activado, pero también sin lágrimas en el agujero de mi propio vaciado. Quizá esa paz era el límite, el lugar en el que no había estado. En mitad del vacío.

viernes, 8 de octubre de 2010

Jamia

¿Cómo es el día a día en Iten? Nuestros despertadores suenan a las 6 de la mañana; es el momento de tomar las vitaminas (en mi caso: ácido fólico, vitaminas C y B12 y hierro), ir al baño y salir a trotar entre 8 y 15km, dependiendo de lo que toque después. Al volver al Too Guest House y después de tomar una ducha (en la que aprovechamos para limpiar la ropa con la que hemos entrenado, así el cubo no se llena tan rápido), los dueños nos tienen el desayuno preparado en la mini mesa que está debajo del porche. Los desayunos son variados, empezando con un poco de fruta (normalmente plátano pero a veces aguacate) y luego pancakes, mandazis o simplemente pan de molde con margarina y mermelada; para beber, siempre té keniano del que nos corresponden tres tazas a cada uno.


Al terminar el desayuno, que tomamos con mucha calma, es momento de relax. Ponemos al día nuestros correos electrónicos (y el blog), leemos un poco, Sergio sigue haciendo números para la panadería que abrirá dentro de dos semanas en El Prat... Hasta el momento de entrenar por segunda vez.


Yo no sé qué problemas tengo con mi barriga pero por la tarde me resulta muy difícil entrenar, así que prefiero hacer la segunda sesión a eso de las 10 u 11 de la mañana. Aquí el plan depende del día, a veces un rodaje, a veces series (hoy serán 6x1500). Y de nuevo a la ducha y mismo ritual con la ropa. Es la hora de comer.




Aunque en Too tenemos acceso a la cocina, los almuerzos solemos hacerlos fuera, en Jamia. Jamia Café es un restaurante (para que nos entendáis) situado delante de la mezquita de Iten. Su dueña es una musulmana muy simpática que siempre nos atiende con gusto y desde el primer día se aprende los nombres de los clientes (del mío se acordaba del pasado mes de junio y a Sergio le pidió que se lo apuntara porque era muy difícil, pero ahora ya lo pronuncia bien).


En Jamia comemos siempre lo mismo, un plato combinado de arroz, chapati, sukuma wiki, githeri, una o dos patatas y un par de trocitos de carne (para Sergio lo mismo excepto el githeri porque tiene judías); y para beber, un té para mí y una Coca-Cola para Sergio. Lo gracioso del asunto es que cada día pagamos un precio distinto, como si de la bolsa se tratara, aunque el total oscila entre 140 y 170KSh (vamos, con un euro y medio comemos los dos).


Después del almuerzo es tiempo para la siesta y por la tarde, salimos a correr si no lo hemos hecho al mediodía o nos dedicamos a leer, pasear un rato, lavar la ropa o conectarnos a internet mientras esperamos la hora de la cena.


A las siete ya es oscuro y llega el momento de preparar la cena (verdura hervida, pasta, tortilla de patatas, algo de carne, arroz...). Cada día preparamos algo distinto e intentamos no dañar el material de la cocina ni nuestros organismos, pero a veces hay accidentes, aunque nunca son graves.


Al terminar la cena, un poco más de lectura y sobre las nueve ya estamos en la cama. Hay poco más por hacer en Iten y mucho que recuperarse de los entrenamientos. Esperemos que este estilo de vida dé sus frutos en nuestras próximas competiciones.
PD: la primera foto muestra a Sergio en nuestra mesa de Jamia, contento después de un almuerzo completo y nutritivo; en la segunda salgo yo dando las gracias a Jamia por cocinar tan bien.

jueves, 7 de octubre de 2010

El diluvio


Sergio está descubriendo que en África no todo es desierto y calor. La lluvia nos ha dado una tregua, pero desde el martes por la tarde que apenas ha parado. La lástima es que aquí no existe el hombre del tiempo que se dedica a contar los litros de agua por metro cuadrado que han caído en las últimas 24 o 48 horas, pero han sido muchos. Y ¿qué implica el diluvio?


Por suerte, la vida sigue a un ritmo más alto que el que consigue España tras un acontecimiento de esta magnitud. Aquí están acostumbrados a las lluvias torrenciales, aunque en esta época del año no debería haberlas y los granjeros están de los nervios (Philip quería recoger el trigo esta semana, pero no se puede hacer mientras está húmedo y tendrá que esperar una semana más con el riesgo de perder parte de la cosecha).


La mayoría de tiendas (esas que están en medio de la calle y venden casi de todo) están cerradas con la lluvia: si no hay gente por la calle... es tontería abrir. A los que la lluvia les ha cogido a medio camino, se las apañan para encontrar un lugar donde protegerse. Así, la oficina de correos se llena de gente y empieza la tertulia hasta que amaine. Pero lo mejor de todo son los oportunistas, normalmente conductores de matatu.


En Iten el caos es pequeño, pero en Eldoret puede ser catastrófico. Se pueden formar charcos de más de 50 metros cuadrados en la calle que impiden seguir andando sin poner los pies en remojo; esta es la oportunidad que buscan los matatus: servicio especial para cruzar el charco a sólo 5 o 10KSh (depende de la cantidad de gente que quiera cruzar). Y el matatu se dedica a ser un remontador que tira veinte metros hacia delante y luego los mismos veinte hacia atrás.


A nosotros también nos ha afectado la lluvia y aunque la pista de Chepkoilel suele estar en buen estado incluso cuando ha llovido mucho, esta tarde seguiremos con el rodaje y las series serán mañana.


PD: y a ver si sale el sol para poder tender la ropa, que el cajón de los calcetines está vacío.

PD2: la foto corresponde a un día soleado, al terminar una sesión de series en la pista de Eldoret.

martes, 5 de octubre de 2010

Zaragoza

Ya lo contaba Ignacio Romo ayer en su blog: el próximo 7 de noviembre estaré en la maratón de Zaragoza. En un principio quería correr en Frankfurt, pero por falta de ayuda de la organización, por la comodidad de correr en casa (y la repercusión que puede tener), porque el circuito es bueno (y me gusta su publicidad) y porque será tres semanas después de volver de Kenia en lugar de las dos que pasarían si corriera en Alemania, el 7 de noviembre es la fecha y Zaragoza es la ciudad. Espero coincidir con muchos de vosotros, especialmente con Rafa, y que a todos nos salga una buena carrera (ojalá no aparezca el cierzo).

lunes, 4 de octubre de 2010

Un rodaje de calidad

Ayer domingo se celebró en Eldoret una media maratón. Al parecer, se celebran varias al cabo del año (yo conocía la Discovery Race que organiza el doctor Rosa por el mes de febrero) pero ésta era otra, patrocinada por el Family Bank. Lo gracioso es que todas tienen el mismo circuito: siete vueltas de 3 kilómetros y con llegada delante del comercio o patrocinador principal. Por lo tanto, en lugar de rodar por Iten como el resto de días de la semana, con Sergio nos apuntamos a la carrera.

Las carreras en Kenia son gratis: llegas, dices tu nombre (o lo deletreas, mejor) y te dan un dorsal. Puedes preguntar a qué hora es la salida, pero no te creas la respuesta que te den. Procura estar atento a la muchedumbre y actúa como ellos: conviértete en masa. Eso hicimos y, sin calentar, nos mezclamos con los demás atletas (todos africanos, una asiática y nosotros dos). Según el periódico, seríamos unos dos mil pero no puedo desmentir esto porque sólo sé que éramos muchos muchísimos. Y empezamos a trotar.

No sabíamos si era una salida neutralizada o un calentamiento en grupo, sólo seguíamos a la masa por las calles de Eldoret y vigilando de no caer en alguna zanja. Hicimos uno o dos kilómetros así y llegamos a un punto que nos pararon. Pidieron a las chicas que se pusieran delante y esperamos y esperamos. A veces creíamos que ya faltaba poco pero luego sabíamos que no. Mientras, algunos kenianos querían hacerse amigos nuestros. Entre comentario y comentario, empujones por aquí y por allá. Ahora detrás de una cinta, ahora delante, ahora la cinta se mueve para que todos los atletas estén detrás. La verdad es que todavía no sabíamos dónde estaba la salida ni en qué dirección, así que tranquilamente nos pusimos detrás del grupo y a seguir esperando.

En un momento dado, todo el mundo avanzó y sin que se escuchara un disparo o algo parecido, la carrera había empezado. Seguimos a la multitud y a los pocos metros cruzamos una ralla en el suelo que todavía no habíamos visto antes. La carrera acababa de empezar. El primer kilómetro es peligroso, especialmente si quieres salir tranquilo. La sensación es parecida a andar en bici por el carril central de un autopista. Y pasados unos minutos ya estábamos en nuestro lugar: casi atrás del larguísimo pelotón.

Los kilómetros no estaban marcados y aunque las vueltas eran de unos 3 kilómetros, era defícil saber el ritmo. Yo me propuse hacerlo por sensaciones y me salían las vueltas a 9'45" (con sólo unos cinco segundos de diferencia por arriba o por abajo, lo que me sorprendió por lo regular de mi ritmo).

Lo bonito de correr en Kenia es que te pasas la carrera adelantando atletas. Casi todos han salido a tope y luego optan por retirarse (la mayoría) o seguir a un ritmo más prudente. Algunos aceleran cuando les adelantas, pero sólo pueden hacerlo una o dos veces y luego desisten. Otros te quieren hacer de liebre y te piden que te pegues, pero al cabo de poco también les adelantas porque van lentos. Y poco más: así son las carreras en Kenia.

No puedo decir en qué posición entré porque no tengo ni idea, pero mi marca fue de 1h10'30" (a 157 de pulso medio y 165 máximo) y que Sergio se paró porque con tanto calor (más de 30ºC) se mareó en la tercera vuelta. Ha sido, en todo caso, un buen rodaje de calidad.

viernes, 1 de octubre de 2010

Entrenar los pies

Ahora que ya estamos en octubre -porque me he despistado un poco-, os cuelgo el artículo que salía en el número de septiembre (nº29) de la revista Planeta Running sobre cómo prevenir algunas lesiones habituales del corredor. Espero que os guste.


Tenéis el artículo entero aquí.