Las expectativas eran altas y las ganas, todavía más. Quedar tercero hace dos años me permitía soñar y que ninguno de mis verdugos (ni Chema ni Rafa) estuviera en la línea de salida, me dio alas. Unas alas que me jugaron una mala pasada.
Empecé fuerte y sin quererlo me encontré tirando del grupo. Me fui animando y me separé unos metros, luego me cogieron, fuimos juntos un rato, volví a acelerar, y se repitió la tónica en varias ocasiones. Notaba que me estaba esforzando demasiado, pero me lo estaba pasando muy bien; estaba disfrutando mucho con la carrera, con los rivales y con el público. Pero en algún momento decidí aflojar; era necesario ceder un poco para poder correr después y así lo hice, pero aflojé demasiado o demasiado tiempo o las dos cosas, porque aunque me noté con fuerzas al final, ya no alcancé a nadie de los que ma habían pasado.
Fue una carrera rara, con sensaciones contrarias durante toda ella. Me desanimé bastante (hice casi un minuto más que hace dos años, con la lluvia que cayó ese día), pero a la vez estaba contento porque no hice un mal resultado. Por un lado quería correr bien y demostrarme a mí mismo que estoy listo para la maratón de Castellón, pero por otro lado Asier (el gran Asier Cuevas) me felicita por no haber tenido un buen día. Según Asier, la Behobia es una carrera demasiada dura para colocarla delante de una maratón: si te sale bien la Behobia, llegas fastidiado a la maratón. Si es así, me alegro de haber "fracasado" en San Sebastián; lo arreglaré en Castellón.
De todos modos, el fin de semana resultó exitoso. Hace dos años el tiempo no acompañaba y la tarde del sábado la pasé entre chocolate con churros y pintxos, pero este año me quedé sin chocolate (los pintxos: de foie, de berenjena, de gambas y unos pimientos morunos). Tuve animación en puntos estratégicos, como en el
alto Miracruz (km. 17), pero me faltó un fan en
Lezo (km. 11); mi fotógrafo favorito
me esperó en el puente del Kursaal y mi familia del norte (ahora con un miembro más) se preocupó de arroparme y de animarme desde el momento en que llegué a meta.
¿Qué más se le puede pedir a esta carrera? Supongo que una txapela es lo que más ambiciono, pero hay años para este pequeño detalle. Por ahora, a esperar un año más y disfrutarla de nuevo (quizá acompañado).
Puedes consultar las clasificaciones,
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