
Durante mi última estancia en Kenia, participé en un seminario de ICEARS (International Centre of East African Running Science). Me tocó hablar de la fisioterapia en el alto rendimiento, de cómo puede tratar las lesiones y, especialmente, de cómo prevenirlas. Pero lo más importante no fue mi charla.
Sólo un par de semanas antes les habían publicado en Nature un estudio revolucionario: correr descalzos minimiza las lesiones. Así de contundente es la afirmación y así de contundentes son los datos que analizaron en Harvard: correr con zapatillas implica un impacto de 1.5 a 2 del peso del cuerpo; correr descalzo reduce el impacto a 0.5 o 0.7. ¿Por qué?
Biomecánicamente, el pie está diseñado para correr sobre el metatarso; su apoyo implica un contacto cariñoso con el suelo mientras que transmite la fuerza a los músculos de la pantorrilla a través del fuerte tendón de Aquiles. La fuerza excéntrica de este conjunto desarrolla una musculatura fina pero potente; en lugar de hipertrofiar el músculo (ganar volumen) se mejoran las conexiones de miofibrillas produciendo más fuerza con el mismo peso.
Pero desde pequeños nos han calzado y nos han modificado la biomecánica del pie. Con una buena amortiguación, es más cómodo impactar con el talón. No necesitamos que la pantorrilla actúe de muelle resistiendo el peso de nuestro cuerpo, nos basta con que el talón choque con el suelo y multiplique por dos nuestro impacto. Pero ya es tarde: nos hemos acostumbrado a esto y no lo podremos cambiar.
No es difícil dibujar vectores de fuerza y demostrar que pisando con el talón perdemos aceleración; tampoco es difícil saber que el despegue del talón implica una fuerza concéntrica de los músculos de la pantorrilla y esto, a la larga, hipertrofia la musculatura que pesará más y tendrá unas uniones miotendinosas más sensibles.
Pero el estudio termina con un consejo: no corras descalzo si no lo has hecho durante toda tu vida. Puedes modificar ligeramente algún entrenamiento (correr por la playa implica pisar de puntillas) o descalzarte en el césped y trotar unos minutos; no conseguirás las piernas de Asbel Kiprop pero economizarás un poco tu pisada.
La noticia del Daily Nation de Kenya que hace referencia al estudio, aquí. Y el abstract del artículo de Nature, aquí.



