miércoles, 21 de noviembre de 2007

¿Soy judío?

Cuando empecé este blog le puse el título de carrerasdemundo porque tenía (y tengo) la idea de competir en cualquier parte del mundo. El próximo viernes se celebra en Tel Aviv la media maratón y tenía ganas de participar.

Mi hermano vive en Jerusalén y siempre me ha invitado a visitarle con la excusa de hacer por Israel alguna carrera. En un principio pensamos en la media maratón de Bet Shean, a principos de diciembre; pero tenía poquito presupuesto y ellos mismos me recomendaran que probara suerte en la de Tel Aviv.


Visité su página web y descubrí que únicamente estaba en hebreo. Por suerte, mi hermano lo habla perfectamente. Empezó a mover hilos para conseguir que me pagaran el viaje, aunque la explicación les dejó un poco desconcertados: es un chico español, pero ahora vive en Holanda y quiere venir a correr vuestra media maratón...

Los organizadores se extrañaron de mi interés y le preguntaron a mi hermano:

-¿Es judío?

Toma ya. Durante mis años de atleta me han preguntado infinidad de veces si era moro. Mi piel tostada, mi cabello negro como el carbón y áspero como un felpudo y mi nombre muy poco español, pueden inducir a error. Soy capaz de comprenderlo. Recuerdo que en Coín, Málaga, al enseñarles mi DNI me preguntaron -afirmaron-:

-Ah, entonces eres nacionalizado.

-¿?- luego somos los catalanes los separatistas.

Así que ahora también me confunden con un judío. ¿Qué será lo próximo? ¿Me confundirán con un esquimal?

La lástima es que he acabado echándome para atrás. Aunque había algunos premios económicos e incluso primas por tiempos, no me he atrevido a ir a Israel. Tenía que pagarme yo el vuelo y no veía del todo claro si podría correr ni si podría aspirar a los premios. Pero lo tengo pendiente; quizá los 10km de Jerusalén, en primavera, donde mi hermano ya ha conseguido quedar quinto el año pasado.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Vuelos baratos

La semana pasada recibí uno de esos e-mails que van directamente a la papelera: los de las ofertas de vuelos. Siempre ofrecen precios que son imposibles de conseguir; pero éste era distinto.

Primero pasó por la papelera, pero por la tarde lo recuperé. Su título me dejó algo confuso pues afirmaba que me regalaban 2 vuelos de ida y vuelta para el fin de semana; no tenía dónde ir ni tampoco acababa de creérmelo. No obstante, lo releí. Y pensé.

Me acordé que en España, este fin de semana, había varias carreras. Llamé a mi mánager para saber si podría correr en alguna. El cross de Llodio estaba complicado, pero quedaba el de Torredonjimeno y los 10kms de Canillejas. Ya estaba a punto de confirmar el vuelo, cuando llamé a mi entrenador para preguntarle qué le parecía.

Ahí acabó todo. Me dijo que me relajara, que las prisas no eran buenas, que si no estaba previsto correr ese fin de semana era mejor seguir con lo programado y competir en otra ocasión. Es decir, que me quedé sin ir a Madrid. Ya tenía el fin de semana en la cabeza: llegar el sábado, encuentro con los amigos, a la cama prontito, correr el domingo en Canillejas y terminar la tarde en el Brillante de Marqués de Zafra, con un bocadillo de morcilla -abundante- entre las manos. Y regresar de madrugada a Holanda y seguir la rutina.


Mi entrenador -Antonio Serrano- es encantador. Soporta todos mis arrebatos y caprichos, aunque intenta reprimirlos de vez en cuando. Sabe que funciono mucho por impulsos y que, si carezco de motivación, los entrenamientos no me salen. Ya no se extraña con mis llamadas o e-mails en los que le propongo nuevas aventuras: la maratón de Amsterdam, el campeonato de España de duatlón, el mundial... Seguro que ya se estará preguntando cuál es mi próximo reto.

Mientras tanto, me he quedado sin correr Canillejas. Me he quedado sin ver a mis amigos. Y, lo que es más importante, me he quedado sin poder emular el resultado de hace 2 años: fui sexto de la general y tercero de los españoles que, traducido a euros, significaron la poco desdeñable cantidad de 1000. El premio más cuantioso que he recibido hasta la fecha.

Por supuesto, el premio no habría sido lo más importante de ir a Madrid (caso de ganar algo, que nadie me lo aseguraba). Así que lo siento por los de la capital, pero mi visita tendrá que esperar. Se aceptan sugerencias.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Mi madre

El fin de semana con mis padres acabó, pero dejó paso al lunes con mis padres. Lo que tienen los vuelos baratos es que normalmente necesitas regresar el lunes por la noche. Si el trabajo lo permite, es una opción buenísima.

Los lunes empiezo a trabajar (prácticas) a las 12. Se lo recomiendo a todo el mundo; permite empezar la semana siempre con buen pie. Da tiempo a salir a correr, organizar toda la semana y llegar al trabajo con una sonrisa de oreja a oreja, sin agobios, sin prisas, sin estrés. Pero ya es rizar el rizo si el entrenamiento matutino lo puedes hacer con tu propia madre.

Mi madre me inculcó la pasión por el correr. No es menos, pues 23 años antes yo la "obligué" a ella. Mi madre jugaba al baloncesto, desde pequeñita hasta que nací yo. Yo fui el cuarto hijo en 5 años y entre tanto pequeñajo en casa, el trabajo y los entrenamientos y los partidos, se vió obligada a dejarlo. Pero no podía estar sin practicar deporte y cambió al atletismo; el atletismo tiene la ventaja de que se puede practicar en casi cualquier parte y a casi cualquier hora. La de veces que nos dejó sólos en casa mientras ella se iba a correr, aunque algunos familiares pusieran el grito al cielo.

No obstante, no me dejé persuadir fácilmente. Yo de pequeño era fútbol, fútbol y fútbol. A regañadientes corría los crosses en los que me apuntaba con mis hermanos y hermanas. Pero una madre no se da por vencida con facilidad. Al pie del cañón se mantuvo y ahora soy el niño de sus ojos (con permiso de Nico, claro).

Como es lógico de cualquier madre, vibra con mis buenos resultados. Pero porque sabe que para recoger frutos hay que trabajar mucho la tierra, no me deja pasar ni una. Cuando estoy en casa me controla mejor que mi entrenador; me pregunta siempre qué he hecho y qué es lo que tenía que hacer. Y si entrevé que he escaqueado algo, me pone mala cara y me suelta un sermón.

Recuerdo una vez que vino a buscarme a Girona en coche. La noche antes no había dormido demasiado y, por lo tanto, esa mañana no entrené. Volviendo a casa me preguntó si ya había entrenado y, al responder negativamente, paró el coche.

-Ya te puedes poner las zapatillas. Yo me voy por el autopista y tú sigues corriendo por la nacional.

Una hora y pico más tarde llegué a casa. Calculando a ojo descubrí que había 18kms desde ese punto hasta mi casa. Ahora no me parece tanto, pero entonces tenía 16 años y nunca había corrido tanto.

Compartir aficiones con la propia madre es algo enorme, aunque algunas veces se imponga su voluntad. Al fin y al cabo, siempre es por nuestro bien. Y lo bien que lo pasé al lunes pasado enseñándole el Amsterdamse Bos. Ésto sí que no tiene precio.

Siento no tener ninguna foto. No conseguimos, entre los dos, convencer a mi padre para que se uniera a la expedición.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Haciendo el turista

A petición de María, cuelgo en el blog algunas fotos de Volendam. Es encesario decir que, aunque el pueblo era muy turísitco, no debéis imaginaros un Benidorm ni un Lloret; aquí la cosa funciona distinta. Como ilustra esta primera foto, en algunas casas se entra por el tejado.

La calle turística, la de las tiendas de souvenirs, es la que da al mar. Las tiendas no son más que casas que en su planta baja ofrecen artículos turísitcos: zuecos, postales, camisetas, tulipanes... Pero si el caminante dirige sus pasos al interior del pueblo, es decir, cruza la primera línea de casas, se encuentra de repente en un entramado de callejuelas, sin orden ni concierto, del que nadie se atrevería a decir que pertenece a un pueblo turístico. Ahí está la segunda foto, un puente levadizo que cruza un canal de menos de un metro de ancho y por el que no cabe ni la más pequeña embarcación. ¿Para qué lo hicieron levadizo entonces? Lo siento pero no sé contestaros.

Quizá es necesario apuntar que la visita se hizo en noviembre y que el parte metereológico anunciaba clima holandés: ahora tapado, ahora cuatro gotas, ahora un chaparrón de 3 minutos, ahora parece que sale el sol pero no, ahora tapado, ahora cuatro gotas... Seguro que en verano hay más gente y el pueblo pierde parte de su encanto. No obstante, merece la pena visitarlo cualquier día de la semana menos el domingo (nosotros lo hicimos el domingo). Los demás días de la semana, cuando los pescadores regresan a tierra firme, empieza la subasta del pescado. Los pujantes se colocan frente a la casa de la pesca y pelean (civilizadamente) para enriquecer sus barrigas.

En fin, que la visita merece la pena, aunque algunos holandeses te digan: "uffffff, eso es muy turístico, eh".

Y para acabar, aunque esta foto ya es de Monikkendam, mi padre haciendo la típica broma del edificio que está torcido. Seguro que los holandeses no sienten ninguna impresión frente a la torre de Pisa; aquí es muy raro encontrar un edificio simétrico y que dibuje una vertical perfecta. Todos tienen su ligera (o no tan ligera) inclinación.


domingo, 11 de noviembre de 2007

Volendam

Sin que sirva de precedente, este domingo he descansado. El motivo lo justifica: mis padres han venido a verme a Amsterdam. Ayer, después de algunos líos en el aeropuerto y demás, conseguimos encontrarnos y recorrimos la capital. Hoy, el plan era más relajado; excursión a un pueblo pesquero a 20kms.



El pueblo se llama Volendam y está muy cerca del de Edam, conocido por su queso. La historia del pueblo no es menos interesante.

Enclavado en un entorno protestante, Volendam profesa la religión católica. Durante muchos siglos rivalizó con su pueblo vecino Marken, que es protestante. Ambos pueblos eran pescadores y se encomendaban a sus respectivas divinidades para faenar mejor que el otro.

Hoy la rivalidad ha ido degenerando. Mientras los protestantes siguen anclados en un pasado muy tradicional y aborrecen a los turistas, los católicos han aprendido a sacar tajada del tema y dinero a los turistas. Las calles de los primeros están llenas de personajes de época, casas típicas y pocos servicios; las de los segundos son un reguero de tiendas de souvenirs y restaurantes, con cartas en todos los idiomas.

La estampa, no obstante, no es tan diferente. Mientras los primeros visten trajes típicos porque la tradición así se lo manda, los segundos visten trajes típicos porque a los turistas les agrada.


En honor a la verdad, debo decir que la visita sólo ha sido a Volendam; el servicio de ferry que une ambos pueblos está suspendido durante los meses que no son de verano. Pero me he quedado con las ganas de visitar Marken y, de paso, llegar corriendo a la isla por el dique que han construido para acceder a ella desde tierra firme. Tiene que ser impresionante recorrer esos 5kms de estrecha carretera entre las aguas.

* En la foto, mis padres y yo. Al fondo, Marken.
* En el mapa, Marken es la isla; Volendam, el pueblo que está más al norte, y entre ellos, Monnikendam (donde hemos parado a comer).

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Maratón de Amsterdam (III)

Ya han pasado más de tres semanas desde que corrí la maratón. Tiempo suficiente para descansar y empezar de nuevo los entrenamientos; y tiempo suficiente para ponerme a contar lo que ocurrió durante la maratón: las anécdotas. Al fin y al cabo, las anécdotas siempre son más divertidas de leer que los fríos resultados.

La carrera empezaba a las 10:30 de la mañana. Como en toda competición mínimamente importante, me levanté 4 horas antes para desayunar. Después de 2 tostadas y un café, salí a pasear un poco para activar las piernas y, si lo encontraba, comprar un periódico español para disfrutarlo durante un par de horas.

Por la mañana uno ve las cosas muy claras y se da cuenta que, aunque sea la misma hora, no es lo mismo pasear a las 7 de la mañana de un domingo que volver a las mil de la noche de un sábado. El periódico no lo encontré; al que encontré fue a un yonki que dirigía los pasos hacia mí. Cuando llegó a mi altura hizo para cerrarme el paso. Yo, muerto de miedo, opté por hacer un sprint de 10 metros y alejarme. "Empezamos bien el día", me dije.

De vuelta a casa, me senté en el sofá con Madame Bovary. Nuevo disgusto: acababa de suicidarse. Al paso que vamos no sé que va a ser de mí en la maratón.

Pero todo cambió al calzarme las zapatillas. Uno se siente ligero y con furza suficiente en las piernas para recorrer el mundo (dos veces). Empecé a calentar y nos dirigimos a la salida. Me coloco junto a Asier, Ibon y Ramón, justo detrás de los atletas destacados.

El disparo de salida sonó puntual y diríamos que mató a alguien. Justo a mi lado empiezaron a caer atletas y Ramón se encuentraba entre ellos. Ibon y yo tiramos a nuestro ritmo y Asier se quedó a esperarlo. En el km 1 ya estabamos reagrupados, aunque parecía que a Ramón le dolía un dedo de la mano.

Pasaban los kms. y con Asier comentaba la jugada. Hablamos bastante pues el ritmo era cómodo. En los avituallamientos, él se ofreció a coger mi bidón. [Abro paréntesis: cada 5kms hay avituallamientos; la organización coloca vasos llenos de agua o bebidas deportivas para los todos los corredores pero, para los atletas de primer nivel, hay bidones propios. La noche anterior, cada atleta tiene que entregar sus bidones con distintivos para ser reconocidos durante la carrera. La ventaja es que cada uno bebe lo que ha preparado a su gusto y que es más fácil beber de un bidón que de un vaso.] En el km 5 Asier reconoció el bidón con facilidad, aunque tuvo que pararse un poco. En el 10 la cosa fue mejor; pero al llegar al 15...

Los bidones, además del distintivo, llevan el número de dorsal del corredor. Por lo tanto, al ser individuales, un voluntario tuvo la idea de entregármelo en mano. Yo, confiado que lo cogía Asier, no prestaba atención y la cosa pasó tal como lo cuento: Asier vio al voluntario con el bidón y se acercó a cogerlo. El voluntario al verme a mí, se me acercó para ofrecérmelo a la vez que evitaba que Asier lo cogiera. Para más inri, Asier mide menos de 1,70 y el voluntario era de tamaño holandés; total, que Asier estaba saltando alrededor del voluntario mentras que él levantaba el brazo para que no lo cogiera. Cuando me di cuenta, grité al chico que Asier era mi liebre y que le entregara el bidón. Para el próximo avituallamiento, decidimos que yo lo cogería.

Mientrastanto, seguíamos hablando y aprovechamos para poner motes a los que nos acompañaban. Teníamos al dorsal 2004, de correr tosco y la piel blanquísima; yo lo llamé John Brown, aunque ya le gustaría perecérsele siquiera un poco. Luego estaba el francés o el del mp3 que, pasada la media, se puso a darnos las gracias; todavía hoy me pregunto por qué. Luego estaba el español de las 2h40 que no sé ni cómo ni dónde acabó. Y también había otros, pero les perdimos el rastro antes de que habláramos de ellos.


Y llegó el momento en que me quedé sólo. Poco antes, Asier había dicho: "ahora a pillar morenos", es decir, a adelantar los que han salido más rápido que sus posibilidades y ahora van agonizando. Yo adelanté a dos. Uno de ellos era una liebre y no entiendo por qué seguía corriendo, pues iba sólo. [La liebre es el atleta al que se le paga para que vaya comandando un grupo; si no hay grupo, la liebre no tiene sentido.]

Y llegué al túnel. Una semana antes, Iñaki me preguntó dónde estaba el túnel y qué dureza tenía. Yo le contesté que no había ningún túnel en todo el recorrido y descubrí por qué me había equivocado.

Cuando escribí la previa, yo iba por el carril-bici. Sobre el km 37, la carretera hace un bucle que el carril-bici solventa por arriba. Y pensé en Iñaki. A simple vista no es una gran cuesta, pero la vista en el 37 ya no es tan simple. Después de la carrera, Iñaki me comentó que se encontró sin fuerzas al salir del túnel y que tuvo que recorrer la cuesta andando. Pobrecito.


Y ya al final, exausto, llegué al estadio. Ni la marca era para celebrarlo tanto (2h27'09") ni el puesto (31) para tirar cohetes. Pero entrar en un estadio lleno de público, con la música bien alta y descubrir que haciendo un poco el payaso la gente aplaudía más, decidí darme una ovación y saludar al público a la vez que les mandaba besos.

Por la tarde, tocaba ir a Misa. Con el cansancio de mis piernas, el hecho de que fuera en holandés y el que durara más de una hora, hiceron que lo pasara un poco mal. Pero tuvo su premio: acabada la comunión, un cura-monaguillo abrazó un violonchelo y entonó -bajo- un Ave María como nunca había escuchado. Mereció la pena toda la Misa sólo por este final.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Losheim

Este fin de semana he ido con mis compañeros de residencia a Losheim. Según mi hermano Enric, no puedo decir los de casa ya que acarrea connotaciones que no me corresponden*.

Losheim es un pequeño pueblo de Alemania, aunque no siempre ha sido así. Su cercanía a la frontera con Bélgica ha permitido jugar a ping-pong con él. En un principio era un pueblo belga, pero en 1921 pasó a ser alemán. Acabada la segunda Guerra Mundial, en 1949, se decretó que era belga de nuevo; pero finalmente (¿o debo decir "por ahora"?), en 1958, quedó establecido que el pueblo era Alemán.

El pueblo es tan pequeño que me resultó imposible encontrar cualquier información en Internet. Al parecer hay otro Losheim más importante (Losheim am See), pero no es el mío. El mío está habitado por 340 personas, la mayoría de ellos granjeros.

Su altitud es de 567m, pero sus ondulaciones con pronunciadas. Después de 2 meses en Holanda, aquello parecen los Pirineos; y no puede reprimir la tentación de salir a correr por sus caminos.
El sábado pasamos el día en Luxemburgo y luego visitamos un castillo en Bélgica. Por lo tanto, la mañana del domingo, mientras los demás todavía dormían, me levanté sigilosamente para ir a explorar los contornos.
En seguida encontré un camino sugerente y me uní a él. Tortuosamente pasamos entre granjas, prados llenos de vacas, bosques frondosos com nunca había visto... Mis ansias de explorador no me permitían desandar el camino recorrido y eso me hizo acaban andando más que corriendo algún tramo. Lo que en un principio era un camino con un riachuelo acabó tornándose un río sin camino.

El reloj empezaba a avanzar peligrosamente cuando me di cuenta que no sabía el nombre de mi pueblo. Pero quiso la providencia echarme una mano y, después de girar una esquina, reconocí el pueblo vecino que antes había cruzado, aunque por otro lado. Me explico.

Al salir de Losheim y recorrer un buen tramo de camino de carro, crucé un pueblo en forma de T (un pueblo que tenía 2 calles). Entré por la base de la T y tomé la extensión de la derecha. Un rato más tarde, me di cuenta de que esaba de nuevo en el pueblo, aunque había llegado a él por la calle de la izquierda. Encarrilé el mástil de la T y llegué a casa justo cuando los más madrugadores se estaban desperezando.
Qué lastima que la cosa acabara allí y no pudiera descubrir nuevos caminos. Otra vez será.

* La riqueza del español no deja de sorprenderme. Al parecer, el verbo atañer sólo existe en las formas no personales y en la 3 persona. Me encanta; sirve para quitarse las obligaciones o similares de encima. No puedo decir "esto me atañe"; es incorrecto. Pero si puedo decir esto les atañe a ellos. Sin comentarios.